Tras meses de un pronunciado letargo y una tendencia a la baja que consolidó el escenario de "dólar barato", el billete experimentó una incipiente presión al alza que obliga al equipo económico a volver a definir una estrategia, si pretende sostener la apreciación del peso. Con la liquidación de divisas del sector agroexportador ingresando en su etapa final, el Gobierno enfrenta la urgencia de administrar la menor oferta de dólares, y la licitación de deuda de este miércoles asoma como el primer test clave para medir la confianza de los inversores y absorber los pesos excedentes e inyectar cobertura en el mercado.

El tipo de cambio extendió en los últimos días la tendencia ascendente que arrastra desde hace casi un mes. La divisa rebotó un 2,3% desde el mínimo de $1.428 —anotado el 12 de junio tras el upgrade de calificación a B- otorgado por la agencia S&P Global— hasta tocar los $1.461, marcando así su máximo nominal desde el 12 de enero. Sin embargo, en términos reales (ajustado por inflación y el tipo de cambio multilateral), el nivel actual de cotización es apenas el más alto desde fines de abril, medido por Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM). Con más perspectiva, la suba acumulada en el último mes se ubica en el orden del 5,1%, aunque la distancia entre el dólar spot y el techo de la banda cambiaria sigue siendo holgada, ubicándose en un 22,5%.