Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos que dominó los mercados globales a finales del siglo XX, sólo para ver su legado empañado por el colapso financiero, falleció a los 100 años.Aclamado en Wall Street, el Capitolio y los medios durante sus casi dos décadas al frente de la Fed, Greenspan fue una figura clave de la posguerra que disfrutó de una atención pública poco común para el grupo de banqueros centrales, tradicionalmente tecnocráticos.Hacia el final de su periodo al mando en la Fed, a mediados de la década de 2000, Greenspan era considerado el mejor banquero central de la historia. El fallecido John McCain, exsenador republicano de Arizona y aspirante a la presidencia, dijo que el papel de Greenspan era tan crucial que, si fallecía en el cargo, debía mantenerse en el puesto. Sin embargo, apenas dos años después de su salida del banco central en 2006, EU se vio inmerso en una profunda crisis financiera, lo que provocó acusaciones de que las políticas regulatorias y monetarias del presidente de la Fed habían contribuido a la desastrosa crisis económica y posterior recesión de la época moderna.La vida de Greenspan fue extraordinariamente polifacética. Su primer trabajo fijo fue como miembro adolescente de una banda de jazz de gira, pero más tarde se trasladó a Wall Street para trabajar como consultor económico.Republicano convencido, se convirtió en una figura influyente en Washington y en confidente económico de varios presidentes republicanos antes de ocupar el puesto más alto del banco central.Allí, su retórica notoriamente opaca y su reputación como experto en el manejo de crisis lo convirtieron en una figura muy conocida en Estados Unidos, aportando un toque de fama a un mundo por lo demás hermético.Una revisión de sus 100 años de vida revela a un hombre de contradicciones, además de un talento excepcional. Greenspan, un joven solitario que estudiaba horarios de trenes y estadísticas de beisbol, forjó su reputación en el a menudo solitario mundo del análisis estadístico, atrayendo a una amplia gama de clientes corporativos a su empresa, Townsend-Greenspan, gracias en parte a su disposición a sumergirse en enormes cantidades de estadísticas para descubrir información valiosa sobre la economía.Greenspan también tenía una vena extravagante. A pesar de su naturaleza intelectual, le encantaban los coches llamativos: en 1959, por ejemplo, se le podía ver conduciendo un Buick convertible cromado que su biógrafo Sebastian Mallaby describió como “una ostentosa rocola motorizada”. Tuvo relaciones sentimentales con las famosas periodistas Barbara Walters y, posteriormente, con Andrea Mitchell, con quien se casó en 1997 y que le sobrevive.Mitchell dijo el lunes: “Era un hombre extraordinario que ayudó a la economía estadunidense durante dos décadas bajo la presidencia de ambos partidos, pero siempre fue honesto al reconocer sus errores”. Añadió: “Ser su compañera de vida fue la mayor alegría de mi vida”.Su filosofía económica también cambió a lo largo de las décadas. Antiguo defensor del oro que en su juventud denunciaba el poder de impresión de dinero de los bancos centrales como peligroso y criticaba duramente a la Fed, no mostró reparo alguno en utilizar al máximo los poderes intervencionistas del banco central cuando lo presidió, lo que le valió el sobrenombre de “Maestro” en un libro hagiográfico del cronista del Watergate, Bob Woodward, en 2001.Después de pasar décadas advirtiendo sobre el riesgo de que los ciclos crediticios se llegaran a descontrolar, al final de su carrera se acusó a Greenspan de no controlar uno de los peores de la historia, ya que él y muchos de sus colegas pasaron por alto la magnitud de los peligros que acechaban en el mercado de hipotecas titulizadas.