Nota beneEs un hombre de paja para el odiado capitalismo

El odio dirigido a Elon Musk es impresionante, casi visceral. El primer billonario en la historia ha cometido errores y tiene defectos. Es válido discrepar sobre sus estrategias empresariales, el nivel de endeudamiento de sus empresas y la viabilidad de enviar a un hombre a Marte, pero las críticas van más allá. Lo convirtieron en un hombre de paja, la encarnación del “capitalismo”, el verdadero blanco de esta negatividad.

Algunos piensan que, en los mercados competitivos, la riqueza desciende sobre los opresores. Si nuestra fortuna palidece en comparación a la de Elon Musk, debe ser culpa suya. Se concibe su fortuna como mal habida e ilegítima, y la riqueza global como un pastel de tamaño fijo: Musk ha obtenido una tajada grande, y deja una pequeña porción para repartir entre el resto del planeta.

Sin embargo, el mercado es un juego de suma positiva. El pastel crece. Musk llegó a Estados Unidos de Sudáfrica a los 17 años, con poco más de US$2 mil en el bolsillo. Emprendió, innovó, trabajó duro y creó riqueza para sí mismo y sus dependientes. Detectó necesidades insatisfechas entre los consumidores —en el sector de pagos electrónicos, comunicación, vehículos eléctricos, navegación espacial e inteligencia artificial— y los consumidores respondimos favorablemente a sus iniciativas. PayPal, X, Tesla y otras empresas mejoran las vidas de muchos consumidores. En el proceso, Musk generó alrededor de cien mil empleos. Troquemos el resentimiento por optimismo: el éxito ajeno revela que con tenacidad e ingenio podemos salir adelante.