Cuando se piensa en energía solar, pocos lugares parecen tan privilegiados como el desierto de Tabernas. Situado en el corazón de Almería, este paisaje árido recibe algunas de las mayores cantidades de radiación solar de Europa y se ha convertido desde hace décadas en un laboratorio natural para investigar el futuro de las energías renovables. Pero en cualquier estación, sobre todo en el verano que ahora empieza, y pese a su fuerza como estos días en plena ola de sol y calor, hay un problema que apenas se ve a simple vista: miles de partículas suspendidas en el aire.

Estas partículas microscópicas suspendidas en la atmósfera están actuando como un filtro capaz de restar parte de la energía que llega desde el sol. Es un fenómeno conocido por la comunidad científica como extinción solar atmosférica y una investigación liderada por especialistas del CIEMAT, la Universidad de Granada y el CIESOL acaba de cuantificar su impacto en España. La conclusión es llamativa: una parte significativa de la energía solar disponible se pierde antes incluso de llegar a las instalaciones encargadas de transformarla en electricidad. “En promedio, en Tabernas estamos en un 5 o 6% anual”, explica Aitor Marzo, investigador del Departamento de Óptica de la Universidad de Granada y uno de los autores del trabajo.