Para saber si las negociaciones entre Teherán y Washington terminan en un acuerdo que impida, de forma verificable, el desarrollo de un arma nuclear en Irán, un factor clave pueden ser las lecciones ideológicas aprendidas por los nuevos dirigentes del país persa en más de 100 días de guerra. Un resultado que podría reconfigurar Oriente Medio y marcar el inicio de una nueva era para la economía iraní.
Formados a toda prisa, los nuevos líderes de Irán han sido forjados en el fragor de la guerra. ¿Siguen representando la “cruzada ideológica islámica” de la que hablaba Henry Kissinger? ¿O en su aceptación del memorándum de entendimiento hay un deseo de pragmatismo, como dijo el vicepresidente J.D. Vance?
Ahora mismo estamos en una especie de interregno, debido al vacío creado por la invisibilidad de Mojtaba Jameneí, el líder supremo. El jueves, Jameneí publicaba una carta donde afirmaba haberse opuesto al acuerdo en un principio, pero asegura que terminó por ceder ante el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, tras obtener la garantía de que nada se aceptaría si EEUU exigía demasiado.
Jameneí dijo que hay que proteger los derechos del país y del eje de la resistencia. Replicando la estrategia de Ali Jameneí, padre y predecesor de Mojtaba, el nuevo líder supremo se colocaba así en la envidiable posición de quedar libre de toda culpa en caso de que los políticos electos iraníes terminen mal parados por las negociaciones con Occidente.











