Lionel Andrés Messi vence al tiempo compitiendo. Es su mentalidad la que lo lleva a ganar esa batalla imposible, no quedan dudas. Su gen competitivo lo hace trascender. Ni él se creyó el "ya está, ya está" con el que terminó en Qatar. Y para muestra alcanza con analizar la rebeldía con la que jugó contra Austria en Dallas, en un choque que comenzó con un penal fallado y algunas malas entregas. Se maldijo durante largos minutos la Pulga y logró cambiar la página: anotó un doblete para abrochar la clasificación a los 16avos de final y para dejar atrás al alemán Miroslav Klose y convertirse en el máximo goleador de los Mundiales con 18 festejos.El 16 de junio de 2006, un joven Leo anotó su primer gol en los Mundiales en el 6-0 ante Serbia y Montenegro. Arropado con la camiseta número 19, el rosarino se fue hacia un costado y lanzó una trompada al aire con la mano derecha. Este 22 de junio de 2026, un experimentado Messi se transformó en el máximo artillero de la Copa del Mundo frente a Austria. Se sacó la mufa con el primer gol y corrió hasta un córner para lanzar otra trompada al aire con el brazo derecho. Allá, en Alemania, José Néstor Pekerman, el entrenador, lo abrazó desde el banco. Acá, en Estados Unidos, el entrenador devenido en comentarista de TV lo saludó al terminar el choque. ¿Dónde entra el paso del tiempo entre ambas secuencias? ¿Algo ha cambiado?Los gestos enuncian, marcan momentos. Lionel Messi le erró al arco desde el punto de penal por séptima vez en los 147 que ejecutó en su prolífica carrera. Apenas iban siete minutos del primer tiempo y eso lo sacó de eje. Resulta hasta risueño ver a Leo cuando algo no le sale como quiere: se enoja. Tal como si fuese un niño al que le sacan un juguete o un caramelo. Lo normal, hablando de un jugador de casi 39 años que lo ganó todo y que posiblemente sea el mejor de la historia, era que se acercara al arquero Alexander Schlager y, con una media sonrisa, le extendiera la mano por haberlo aguantado hasta el final y haberlo obligado a ajustar el disparo hasta lo imposible. Pero no: Messi se maldijo y estuvo hasta la pausa de hidratación mirando al techo y recriminándose.Rápido, después del penal fallado, los miles de argentinos que coparon el Dallas Stadium entendieron todo y desde las tribunas bajó el clásico "que de la mano de Leo Messi/toda la vuelta vamos a dar".El último de los gestos hacia Leo lo regaló Facundo Medina, el defensor que se metió por la puerta de atrás y que ahora se antoja inamovible. Durante la pausa de hidratación, el lateral surgido en River fue el primero en abrazar al rosarino, que seguía con cara de pocos amigos. Luego se sumaron Scaloni, Enzo y Lautaro. Lo que siguió después fue el cambio de mentalidad, el pase atrás de Medina y el gol de siempre de Leo, el que hizo mil veces en el Camp Nou y el que eternizó en el Santiago Bernabéu la noche en que le mostró su camiseta número 10 a la hinchada merengue.— SportsCenter (@SC_ESPN) June 22, 2026
De la bronca al récord: la noche en que Messi volvió a demostrar que no tiene fecha de vencimiento
Falló un penal, se enojó consigo mismo y terminó siendo la figura ante Austria.Con 18 goles, escribió otra página dorada en la historia de los Mundiales.










