José María, albañil de 64 años, se volvió noticia por una frase cargada de ironía: “Dicen que faltan trabajadores en la obra pero te piden de requisito hablar inglés con los ladrillos”.Con más de medio siglo de oficio en sus espaldas, José María expone un episodio concreto: se presentó a una oferta de empleo publicada por un ayuntamiento y, semanas más tarde, le comunicaron que la empresa buscaba a alguien que supiera inglés. “No sabía que tenía que hablar inglés con los ladrillos”, ironiza, señalando lo absurdo que le resultó ese requisito ante la evidente falta de trabajadores.Más allá del chiste, lo que puso sobre la mesa fue una tensión real entre la falta de personal en la construcción y la sensación de que ciertas exigencias de acceso al empleo se alejan del oficio concreto.El episodio ocurre en un contexto en el que precisamente se necesita más mano de obra en la construcción. José no está hablando desde una situación marginal o anecdótica, sino desde una contradicción visible: por un lado se repite que faltan trabajadores; por el otro, algunos candidatos perciben que se agregan condiciones que poco tienen que ver con poner ladrillos, levantar muros o desempeñarse en una obra.El problema, añade José María, radica tanto en la falta de recambio generacional como en las condiciones que ofrece el sector para quienes se incorporan. De hecho, en la mayoría de las obras se encuentra poca gente joven y mucha de 50 para arriba.Los jóvenes “preguntan primero por cuánto van a cobrar. ¿1.200? Para eso no trabajo”, explica José María. Y esa actitud responde, en su opinión, a que los salarios no se han ajustado a la inflación, lo cual resta atractivo al oficio manual.El resultado: la mayoría de los trabajadores de la construcción tienen edades avanzadas, lo que plantea un serio riesgo estructural para el sector. Según datos compartidos en la información, sólo el 10 % de la mano de obra en el ámbito de la construcción tiene menos de 30 años.La exigencia de inglés puede parecer desconectada de primera vista del trabajo de albañil, pero forma parte de una tendencia más amplia: las empresas constructoras buscan perfiles que, además de las habilidades técnicas, puedan adaptarse a entornos más globalizados, contrato con empresas internacionales, manejo de herramientas digitales o comunicación con clientelas extranjeras.Sin embargo, el planteamiento revela la tensión entre la realidad y la demanda: cuando falta la mano de obra básica, ¿es sensato elevar los requisitos al nivel de idiomas o formación especializada?José María, con tono irónico, repite esa contradicción: “No sabía que tenía que hablar inglés con los ladrillos”. Su frase resume bien la sensación de muchos trabajadores veteranos que se sienten fuera de una lógica en la que los requisitos parecen apartarlos en lugar de integrarlos.Su comentario no rechaza el valor del inglés en abstracto; cuestiona que se lo exija en un puesto donde, según su experiencia y su lógica de trabajo, no parece central. Ahí está la potencia del testimonio: transforma un malestar difuso en una imagen inolvidable.