22/06/2026 10:50 Actualizado a 22/06/2026 10:57 Contra todas las expectativas la victoria de Abelardo de la Espriella sobre Iván Cepeda en la segunda vuelta de las presidenciales fue sumamente estrecha. La diferencia fue de menos de un punto, apenas 250.000 votos, en una elección de elevada participación: el 63,6% del censo, casi seis puntos más que en la primera vuelta. Si bien la gran movilización del electorado benefició al oficialista Cepeda en desmedro del outsider y ultraderechista de la Espriella, lo que mostró la jornada electoral es que los colombianos votaron más por miedo y rechazo que por sintonía con un programa o por convicciones ideológicas, unos por antipetrismo, otros por antifascismo. Muchos acudieron a votar tapándose la nariz y cerrando los ojos para evitar que un mal mayor cayera sobre el país.Un partidario del candidato de la ultraderecha De la Espriella VANEXA ROMERO / AFPLa misión de observación electoral de la UE habló de “una fiesta democrática” por la alta participación en una jornada sin incidentes reseñables y no por la calidad democrática de los rivales. Sabedores del rechazo que generan y para capturar el voto de centro, ambos moderaron su discurso y su programa de cara a la segunda vuelta, aunque siguen reflejando el iliberalismo y son un peligro potencial para la democracia. Ambos descreen de las instituciones cuando éstas no los favorecen.En los días previos, el presidente Gustavo Petro y Cepeda llamaban a desconocer el resultado y a movilizarse en defensa del “triunfo” del Pacto Histórico. Una vez sabido el resultado decidieron no aceptarlo hasta no disponer del recuento definitivo. Sin embargo, lo que muestra la experiencia es que la diferencia final con el preconteo es mínima y apenas modifica sus cifras. Ante un posible estallido de violencia, de la Espriella instaba al ejército a defender por la fuerza lo que estimaba sería una victoria inapelable.El margen de victoria del 'Tigre' limita su programa de aplicación de reformas radicalesEste resultado estrecho coloca a todos los actores ante un futuro incierto. Por un lado, limitando el margen de acción del “Tigre” de la Espriella para implementar sus reformas radicales, obligándolo a pactar y a profundizar sus alianzas si quiere ser, como prometió la noche del domingo, el presidente de todos. Por el otro, convocando a la izquierda a apostar por la democracia y las instituciones, desterrando la violencia después de décadas de compromiso o tolerancia con la lucha armada.Una victoria más abultada le hubiera otorgado a de la Espriella mayor legitimidad para usar la motosierra al modo de Milei o construir megacárceles en la estela de Bukele. Pero esto no ocurrió y el Pacto Histórico, hasta ahora en el gobierno, será la primera fuerza parlamentaria, con mayores posibilidades de controlar al próximo gobierno. Y más si Cepeda ocupa su escaño de senador, tal como señala la Constitución.El maximalismo de Petro marcó sus cuatro años de gestión. La mayor parte de sus reformas no pudo salir adelante por el peso de las instancias de control y de los otros poderes del Estado. En el momento estelar de de la Espriella es probable que muchos de sus proyectos corran la misma suerte. Por eso, si se quiere hacer de Colombia un país más vivible y próspero es necesario romper las inercias más radicales y dejar de lado el temor a dialogar y negociar con los rivales, que no enemigos, políticos.