En su casa de Salobreña (Granada), Alfonso Arias guarda una pequeña joya de la pintura de eclipses. Se trata de un óleo de unos 50x100 cm, rubricado por su bisabuelo, Enrique Simonet, uno de los más destacados representantes de la pintura española de finales del siglo XIX, cuya obra se expone en el Museo del Prado. Aunque este lienzo nunca se ha exhibido y se conservó siempre en el entorno familiar, tiene un indudable interés histórico: se trata del mejor testimonio artístico del gran eclipse de sol de 1905, cuya trayectoria coincidió de forma casi exacta con el que cruzará la península ibérica en agosto.

“Lo tengo colgado delante del sofá, porque no tengo tele”, explica este madrileño de 61 años, músico de profesión, que heredó la obra hace alrededor de una década. Su tía abuela e hija del pintor, Carmen Simonet, sabía que la pintura le fascinaba desde niño. “El cuadro estaba en aquella casa de la calle Larra en Madrid, donde nos reuníamos en los cumpleaños y las navidades cuando yo era pequeño”, asegura. María Teresa, nieta del pintor, también recuerda el cuadro en casa de sus abuelos. “Lo tenían a la entrada, conforme entrabas lo veíamos siempre”. Los detalles de cómo se pintó la obra, sin embargo, siguen siendo un misterio para la familia. “Tenemos muy pocos datos”, comenta Aurora, otra de sus nietas. “Solo sabemos que en la fecha en que se produjo el eclipse él residía en Barcelona”.