Salva Orellana es electricista, electromecánico y especialista en fotovoltaica. Natural de Sevilla, decidió emprender y crear su propia empresa de instalación solar en España después de un par de años trabajando, formándose y ahorrando en Alemania. Su vivencia le dio otra visión acerca de las diferencias entre los mercados laborales de los dos países, nuevos conocimientos que ahora implementa en su recién creada compañía.Orellana destaca una mentalidad de consumo profundamente diferente en Alemania. "El alemán invierte un poco más en su hogar porque lo habita más", explica. Esta inversión trasciende la mera instalación de paneles solares, buscando establecer un "ecosistema" energético integral y sostenible.Dicho sistema abarca desde placas fotovoltaicas con inversores de alta gama y baterías de almacenamiento, hasta sistemas de seguridad contra cortes de luz y estaciones de recarga para vehículos eléctricos. El fin primordial, subraya el experto, no es solo economizar en la factura, sino alcanzar la "independencia energética", siendo el ahorro una consecuencia.El instalador español expresa una fuerte crítica hacia el esquema de ayudas estatales en su país. "La subvención es el cáncer de la fotovoltaica en España", declara categóricamente, añadiendo: "Ojalá la eliminen por completo". Argumenta que este enfoque crea expectativas irrealistas y mantiene a numerosos usuarios en una espera prolongada, citando el caso de una panadera que lleva seis años aguardando una ayuda del Estado.En contraste, Orellana alaba el sistema alemán, que estimula el sector mediante la reducción de la carga impositiva. "La energía fotovoltaica está libre de IVA. Instalas paneles y el IVA es 0, pero no recibes un pago por ello", explica. Asimismo, alerta sobre la "prostitución" del sector en España, atribuida a "empresas express" que comercializan montajes de escasa calidad a costos excesivos.La decisión de trasladarse a Alemania surgió de una propuesta de empleo que casi cuadruplicaba su salario en Sevilla. Su remuneración pasó de 1.600 euros a un rango de 6.200 euros al mes, con el beneficio adicional de que las horas extraordinarias estaban libres de impuestos, una política que, a su juicio, fomenta la eficiencia laboral.Un momento clave fue su viralidad en redes sociales, donde comenzó a evidenciar las disparidades entre las instalaciones de ambos países. Esta exposición le posibilitó alcanzar sus objetivos económicos de manera inesperada y retornar a España con una antelación considerable.Actualmente, de regreso en Sevilla, armó una empresa con la metodología de calidad germana. Afronta desafíos como la escasez de personal calificado y las prácticas deficientes de ciertas empresas constructoras, pero con una firme resolución de elevar el estándar profesional del sector y brindar un servicio fundamentado en la excelencia y la claridad.