Atlanta (EE.UU.) (EFE).- El estadio Mercedes-Benz de Atlanta, donde España ha jugado en dos ocasiones, es la única sede mundialista en la que los aficionados pueden experimentar algo único: un ‘hot dog’ (perro caliente o pancho) por dos dólares, es decir, cuatro veces menos que en otros coliseos, gracias a la rebeldía del dueño del Atlanta Falcons, que ha convertido el evitar los precios abusivos en su bandera.

El Mundial más caro de la historia está escandalizando a los aficionados no solo por los precios de las entradas sino por la imposibilidad de llevar comida o agua a los estadios, donde los precios de una hamburguesa y una bolsa de patatas fritas pueden ascender a los 24 dólares, como el caso del estadio de Houston (Texas).

En el estadio BMO de Toronto, un perrito caliente cuesta 20 dólares canadienses (14 dólares estadounidenses) y una simple gaseosa llega casi a los 11 dólares.

Pero Atlanta es una excepción donde la «inflación» de la FIFA no ha conseguido imponerse.

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