Actualizado Domingo,
junio
20:52En pleno centro de Madrid, bajo las naves de la iglesia de San Ant�n, el c�lebre templo del padre �ngel que nunca cierra sus puertas (ni de d�a ni de noche), las oraciones del domingo se sustituyeron por el himno nacional y la celebraci�n de los goles de la selecci�n espa�ola. En este rinc�n de Chueca, el f�tbol dej� a un lado las plataformas de pago para convertirse en un evento puramente social: una pantalla en una sala interior permiti� ver el partido de Espa�a contra Arabia Saud� de forma gratuita a las personas sin hogar y a unos fieles que, por una tarde, repartieron sus oraciones entre Dios y Lamine Yamal, unidos para disfrutar de una de las selecciones espa�olas m�s ilusionantes de las �ltimas d�cadas.Mientras los term�metros rozaban los 40�C en Madrid, los voluntarios de la iglesia de San Ant�n habilitaron una sala en penumbra para proteger del calor a unas 20 personas, en su mayor�a sin hogar. El espacio un�a lo sagrado y lo profano: una pantalla en el centro rodeada por la bandera de Espa�a sobre una cruz de madera y la de Mensajeros de la Paz, todo perfectamente alineado con una talla de la Virgen Inmaculada que parec�a presidir el patio de butacas como una aficionada m�s de La Roja.Tras el tropiezo en el debut ante Cabo Verde, el ambiente inicial era de puro nerviosismo ante el miedo a una eliminaci�n temprana. En la sala se cruzaban apuestas sobre el resultado (desde un 2-1 a un 3-0) y debates id�nticos a los de cualquier bar, donde se bromeaba sobre la falta de jugadores del Real Madrid: "Hasta que Cucurella no se vista de blanco, no cuenta", comentaba un asistente, mientras otro culpaba al exceso de jugadores del Bar�a despu�s del "aburrid�simo" 0-0 del otro d�a.Un voluntario prepara los aperitivos para los asistentes al partido.�NGEL NAVARRETESin embargo, las dudas se disiparon r�pido. Espa�a arroll� a Arabia Saud� con tres goles antes del primer cooling break, cerrando el encuentro con un definitivo 4-0. Toda la sala se rindi� ante Lamine Yamal, autor del primer tanto; sus regates dejaron boquiabiertos a los asistentes: "Este t�o hace diabluras con el bal�n. Diabluras Yamal". Con el marcador a favor, la tensi�n dio paso a otras conversaciones m�s profundas.Detr�s de los goles se escond�an realidades complejas. En los bancos se encontraba Iv�n, un trianero de 44 a�os y aficionado del Bar�a. Lleg� a Madrid por motivos amorosos y para probar suerte en la construcci�n, pero la suerte le dio la espalda y se encuentra en situaci�n de calle. "Es muy triste, llevo ocho meses en la calle, pero ver el partido te hace la tarde m�s amena". En San Ant�n ha encontrado refugio y un grupo de amigos, entre ellos un cordob�s y otro vecino de Las Cabezas de San Juan, con quienes comparti� el partido entre risas y piques.Iv�n, uno de los presentes en la iglesia de San Ant�n durante el encuentro.�NGEL NAVARRETEToda esta labor es coordinada por voluntarias como Nati, que lleva 39 a�os dedicada a los dem�s (nueve de ellos en Madrid con personas sin hogar). Para ella, la iniciativa es completamente natural: "Esto del f�tbol lleva bastante tiempo aqu�, no es algo de ahora", explic�, defendiendo el deporte y los eventos sociales como v�as de integraci�n. Como muestra del incansable trabajo diario del templo m�s all� de los 90 minutos de partido, Nati record� con cari�o historias como la de una familia de N�ger que lleg� a Espa�a hace ocho a�os con dos hijos y hoy tiene cinco. No vinieron a ver el f�tbol, sino exclusivamente a pasar por la parroquia para darle las gracias en persona al padre �ngel, por el apoyo constante que les ha brindado durante casi una d�cada para sacar adelante a su familia.En el descanso del encuentro, uno de los asistentes reiter� que lo m�s importante para las personas en su situaci�n es, simplemente, sentirse queridas. A�adi� que la labor de los periodistas de acompa�arlos y disfrutar del f�tbol a su lado era algo que hac�a falta que se repitiera m�s veces. Por eso, queda una promesa en el aire: si Espa�a avanza y llega lejos en este Mundial, GRAN MADRID volver� a esa sala con ellos.Sin embargo, la estampa de los bancos convertidos en la tribuna de un estadio de f�tbol no ha gustado a todo el mundo. Esta iniciativa cuenta con un sector de detractores dentro de la propia Iglesia, contrarios a otorgar a un lugar sagrado las din�micas de un bar de barrio. El padre Juan Manuel G�ngora, de la di�cesis de Almer�a, denunciaba con iron�a el contraste: "Si celebras la Misa que han celebrado todos los grandes santos de la historia, rompes la comuni�n y vete buscando abogado canonista. Si conviertes una parroquia c�ntrica en un bar para ver a la Selecci�n, es que haces opci�n preferencial por los pobres".A pesar de las cr�ticas, el padre �ngel pretende mantener la transmisi�n de los partidos de Espa�a hasta que se la elimine. En San Ant�n poco importa lo que otros digan. Mientras dure la aventura de la selecci�n en el Mundial, las pantallas seguir�n encendidas en la sala acercando el f�tbol a los m�s desfavorecidos. Al finalizar el encuentro, y tras la consecuci�n de los tres puntos que acercan a los dieciseisavos de final tras superar la fase de grupos, algunos fieles dedicaron una �ltima oraci�n antes de abandonar el templo. Lo que qued� por saber es si fue dirigida a Dios, o por el contrario, a La Roja.









