Libre directoLamine Yamal, durante el partido ante Arabia.Getty Images via AFPActualizado Domingo,

junio

20:08A sus 18 a�os, lo sabemos todo de Lamine Yamal. Sabemos de sus regates, de sus goles, pero tambi�n de sus novias, fugaces novias de la superficie digital donde el amor, como todo lo dem�s, surfea. El f�tbol de Lamine, en realidad, tiene algo de surf, una actividad que no s�lo se practica, se viveLa Espa�a encallada en la bah�a de Cabo Verde, como un nav�o decadente, necesitaba lo primero, claro, pero tambi�n todo lo dem�s que este joven futbolista representa, el ego contenido en esa mirada altiva o la irreverencia de quien celebra un cumplea�os ataviado como un pr�ncipe gitano, y dice que el mejor es Messi, pero que su �dolo es Neymar, el �ltimo juguete roto. Lamine, pues, no fue �nicamente el autor del primer gol frente a Arabia, fue su prozac, su antidepresivo.El cambio no estaba �nicamente en los cambios. Pedro Porro y Baena mejoraron al equipo, por supuesto, pero Oyarzabal mejor� frente a s� mismo porque hab�a algo distinto en el ambiente, something in the air, desde el primer minuto, la ambici�n de un jugador que entr� pose�do en la hierba de Atlanta. En tres acciones y un gol, hab�a cambiado el rostro a todos, porque todo parec�a posible. Fue prozac en vena.Este equipo al que define como una �familia� el seleccionador que se dirige a los periodistas como a sus vecinos, necesita un toque canalla, desafiante, propio de quienes no s�lo tienen las cualidades para cambiar las situaciones, sino la valent�a y la osad�a que emana de una fe en s� mismos m�s all� de lo normal. Paranormal.El f�tbol est� lleno de ejemplos. Cruyff, Maradona, Best, Futre o hasta Sergio Ramos, tipos nada orteguianos, salvajes, para los que el futbolista no es el futbolista y sus circunstancias. Es el futbolista y lo dem�s no existe, lo que muchas veces aboca a la autodestrucci�n. Neymar, �dolo del azulgrana, la ha tentado demasiado.El arte tambi�n los tiene. Lamine, de hecho, es como Rosal�a, criada en el flamenco del extrarradio de Barcelona, el mismo donde ha crecido el futbolista de Rocafonda, para reinterpretarlo y desafiarlo con sus fusiones y extravagancia, como a la sociedad y a la cruz. El resultado es una m�sica que, guste o no, pone el mundo a sus pies. Si la m�sica de Lamine puede hacerlo, no lo sabemos. �l no lo duda.