El palacio podía tener graneros llenos, cobrar tributos y celebrar ceremonias, pero todo eso servía de poco si el reino no tenía soldados preparados para defenderlo. Los faraones comprendieron esa necesidad cuando vieron que una frontera podía volverse peligrosa, que una provincia podía intentar separarse o que un rival podía reunir hombres armados. En ese momento, gobernar exigía algo más que una autoridad simbólica: hacía falta una fuerza organizada, rápida y obediente.
Esa decisión fue importante porque la defensa dejó de depender de medidas improvisadas y pasó a formar parte de la organización permanente del Estado, algo fundamental para conservar el poder y mantener unido el territorio.
Egipto creó una fuerza profesional tras varias crisis internas
Egipto pasó de una defensa limitada a la necesidad de contar con un ejército instruido y numeroso cuando las crisis internas mostraron que el poder del faraón podía quebrarse. Según Joshua J. Mark, la guerra egipcia evolucionó desde levas de reclutas en los primeros periodos hasta una fuerza profesional permanente durante el Reino Medio y, después, hasta el gran ejército y la marina del Reino Nuevo. Ese cambio respondió primero a la obligación de contener tensiones separatistas y más tarde permitió lanzar campañas fuera del valle del Nilo.









