Cada día, alrededor de 30 guatemaltecos son diagnosticados con insuficiencia renal crónica en Guatemala.
Una enfermedad silenciosa, costosa y, en buena medida, prevenible que durante décadas se asoció con personas mayores con diabetes o hipertensión, hoy afecta cada vez más a hombres y mujeres en edad productiva.
Con 9,581 pacientes activos registrados hasta mayo de este año, la Unidad Nacional de Atención al Enfermo Renal Crónico (Unaerc) sostiene una de las cargas más pesadas del sistema de salud guatemalteco.
La tasa nacional ronda los 64 pacientes en tratamiento por cada 100 mil habitantes, pero el mapa del país está lejos de ser uniforme: en Santa Rosa la cifra asciende a 166 por cada 100 mil habitantes, seguida de Jutiapa, Retalhuleu, Guatemala y Escuintla.
Los datos resultan aún más alarmantes al compararlos con el comportamiento histórico de la enfermedad. Según registros de la Unaerc, en el 2008 la institución atendía únicamente a 1,630 pacientes; desde entonces, la cifra ha aumentado aproximadamente 585%.









