Un Madrid secreto cobra vida en las madrugadas. Es el de las comunidades de latinoamericanos que peregrinan hacia los bares que los reciben a deshoras para ver a sus selecciones. Mientras la ciudad duerme, en estos reductos clandestinos se cantan himnos nacionales con fervor, se bebe, se festeja, se sufre y se baila. Y luego, a esperar que abra el Metro e ir a trabajar de empalme... Con la amargura de una derrota o la emoci�n de un hattrick de leyenda. Es la magia intacta del Mundial, pibe, botija, bro, t�o, chama, wey: ning�n evento moviliza as� las almas.El show de M�xicoTacos, quesadillas, tamalitos y Coronas son los protagonistas. Es un show gastron�mico con �el juego� de fondo. En la ceremonia inaugural hay abucheos a la bandera de Estados Unidos. Y a la hora del himno, nadie se queda en su silla: �Mexicanos, al grito de guerra / el acero aprestad y el brid�n / y retiemble en sus centros la tierra / al sonoro rugir del ca��n�.Y el ca��n no tarda en rugir: en el minuto 9, los 70 mexicanos que pueblan el restaurante �La leyenda del �gave�, en Salamanca, saltan para festejar el 1 a 0. Las familias y grupos de amigos dejan por un momento sus tortillas para abrazarse con sus camisetas verdes. Alguno, con sombrero de charro, se anima al grito de mariachi: �ay, ay, ay! Es tan agudo como se pueda imaginar, y quiz�s m�s. Muchos, m�vil en mano, registran el momento.Para el pueblo mexicano primero est�n los tacos y de fondo queda "el juego". Sonaron rancheras y mariachis en la victoria ante Sud�frica del partido inaugural que se vivi� en un restaurante del barrio de Salamanca.Con el partido bajo control, el banquete contin�a, con poca atenci�n a la falta de profundidad del �Tri� ante un rival tan menor como los sudafricanos. En el entretiempo, sigue el clima de fiesta: desde un altavoz enorme emergen rancheras y mariachis. Con ese clima se vive el complemento. La actuaci�n en el campo no conforma, pero no les roba la ilusi�n a las chicas y los muchachos. Contentos, sue�an con pasar el techo de los octavos, y se preguntan c�mo se sentir�a festejar lejos de casa.El encanto guaran�Los murmullos en castellano se mezclan con otro idioma extra�o: no es el ingl�s ni el alem�n de los �guiris� que tambi�n frecuentan los bares deportivos del centro de Madrid; es el guaran�, la lengua ind�gena que los paraguayos conservan y hablan a la par del espa�ol. Decir �las� paraguayas ser�a m�s justo: en un sal�n con m�s de 50 personas, la gran mayor�a son chicas. Llevan sus camisetas y banderas rojas, blancas y azules, y le agregan el detalle fashion de las rayitas pintadas en la cara.El desbalance de g�nero recuerda a la tr�gica historia de la guerra del siglo XIX en que la �Triple Alianza� militar de Brasil, Argentina y Uruguay arras� con el entonces pujante e industrialista Paraguay. Fue una cat�strofe humanitaria: muri� entre el 60% y el 80% de la poblaci�n adulta masculina y a los ni�os los mandaban al frente con barbas dibujadas. Esa desgracia de la historia molde� por d�cadas una sociedad con muchas m�s mujeres que hombres, en la que incluso se acept� la poligamia.Este domingo en la madrugada, la agresi�n contra la ilusi�n paraguaya no la comanda el General Bartolom� Mitre sino su compatriota Mauricio Pochettino, que lleva a Estados Unidos a pasar por arriba a la albirroja. La espera para volver a verse en un mundial dur� 16 a�os. Aquella participaci�n en Sud�frica 2010 aparece como un recuerdo borroso de infancia para muchas de las aficionadas que ahora disfrutan sus fernet con Coca-cola. El globo se pincha r�pido con un gol en contra y el dominio del equipo local es total. El partido se ve en silencio con dientes apretados, y algunos gritos e insultos aislados, como el estilo tosco y aguerrido del f�tbol paraguayo.En el �nico bar deportivo abierto que daba el partido ante Estados Unidos, las protagonistas fueron las mujeres paraguayas, que colmaron la sala. Sufrieron una dura derrota con el anfitri�n, pero exhibieron sus colores con orgullo guaran�.El mal trago se digiere durante los 90 minutos. Para las 5 am, algunos se van cabizbajos y otros tienen cuerda para un rato m�s, en una pizzer�a o en un McDonald`s, como el grupo que conforman una ingeniera ambiental que cuida ni�os a la espera de sus papeles, un trabajador gastron�mico y una chica rubia que tiene un invitado especial: un ingl�s que vino a Madrid para ver a Bad Bunny y termin� conquistado por el encanto guaran�. Sobre las �ltimas cervezas, los m�s futboleros empiezan a levantar la moral: Turqu�a y Australia ser�n dos oportunidades de oro para meterse en el cuadro eliminatorio: �Estamos acostumbrados a resistir, est� en nuestro ADN�.Garra e intensidad charr�aLa primavera seca y asfixiante de Madrid abre un par�ntesis y brinda una ligera lluvia antes de la medianoche, en la previa del debut mundialista de Uruguay ante Arabia Saud�. Corre un aire h�medo como en el R�o de la Plata cuando amenaza la Sudestada. Parece viento de cola para los charr�as madrile�os, que esta tarde vieron el empate ante Cabo Verde de la poderosa Espa�a a la que emigraron. Est�n ilusionados con ganar su grupo y revivir alguna de las viejas epopeyas que le permiten contar cuatro pol�micas estrellas en su escudo.La cita es a la medianoche en Zoe, una discoteca de R�os Rosas que aprovecha las pantallas en las que los fines de semana pasa reguet�n para sintonizar Dazn. Una peque�a marea celeste va llegando en procesi�n: las camisetas actuales de Valverde conviven con las de Pe�arol y Nacional, y con las nost�lgicas de Luis Su�rez, Sebasti�n �El Loco� Abreu y �lvaro �El Chino� Recoba; tambi�n con las pelucas de rulos turquesas que portan Jorge Cerde�a y Luc�a Sellanes, matrimonio de montevideanos que est� en Madrid hace siete a�os.Son 80, sobre un total de 8.000 uruguayos en Madrid. Vienen familias, parejas, grupos de treinta�eros y hasta �botijas� de 20 a�os, caras nuevas que desconciertan a Daniel, organizador del evento y due�o de la FM Onda del Plata, quien vive hace 35 a�os en la ciudad. Daniel conf�a en la victoria, espera dos goles.Jorge Cerde�a y Luc�a Sellanes, matrimonio de montevideanos que est� en Madrid hace siete a�os.Para muchos pueblos, el f�tbol es alegr�a; para el pueblo uruguayo, no, de ninguna manera. El partido se sufre: se sigue con intensidad cada pelota, se insulta a los rivales, se reclaman amarillas, se festeja un lateral en la mitad del campo. �Vamo arriba la Celeste�, �Dale Uruguay nom�, dicen las arengas, aunque los primeros minutos son sopor�feros. Arabia se anima y a los 41 minutos llega un gol que hace caer los hombros charr�as. �Es que estamos pajeros, bo. Tenemos que atacar, viejo pajero�, le reprocha un hincha a Bielsa, al que la transmisi�n poncha sentado en su neverita, con la mirada perdida.Daniel pone unas cumbias en el entretiempo, pero no hay �nimo para bailar. La palabra �velorio� se escucha en el c�rculo de fumadores que tienen sus banderas al hombro en la puerta de Zoe. Para el segundo tiempo, los que no tienen asiento en el VIP, aceptan desplomarse en la pista de la discoteca. Las luces azules y rojas siguen su trabajoso movimiento, como los sem�foros en la calle vac�a, e iluminan con su l�ser los blancos rostros preocupados.Pero el equipo reacciona y se reaniman los alaridos. Toda esa inquietud estalla a los 80 minutos, con un grito de gol que es pura bronca, puro desahogo, puro Uruguay. Un grito de guerra como el de los Treinta y Tres Orientales que en 1825 cruzaron el R�o Uruguay y desembarcaron en la Banda Oriental para pelear por la independencia de su naci�n ante Brasil. �Ahora los vamos a cagar a centros�, anticipa uno de los m�s entusiastas, de pie y m�vil en mano con la c�mara abierta para grabar el festejo de un segundo gol que nunca llega a pesar de que Valverde y compa��a arrinconan a los del desierto. Termina el partido y la desconcentraci�n es r�pida y con sensaciones encontradas. Lo resume un joven: �Nacimos para sufrir, bo�.L�grimas argentinas por MessiEn al menos tres discotecas de Madrid hay convocatoria para ver a la Selecci�n Argentina. El horario de las 3 am es matador: no funciona el Metro ni a la ida ni a la vuelta. Las jornadas laborales del mi�rcoles se anticipan complicadas. Pero no piensa en eso la plaga de trasnochadores que camina la ciudad con sus camisetas celestes y blancas, sus banderas de las Malvinas, sus tatuajes de las tres estrellas, sus vasos �viajeros� de fernet.En Zoe, la discoteca en la que 24 horas antes hab�a unos uruguayos uniformemente uruguayos, ahora el grupo es m�s variopinto. Un cuarent�n porte�o de la hinchada de Hurac�n que, con camiseta de Maradona, insulta a Messi; una artista pl�stica mendocina con su hija que estudia interpretaci�n; un cerrajero de Corrientes, tambi�n con su hija, que admite que resisti� con sus banderas maradonianas hasta que tuvo que aceptar que Messi es el mejor de la historia; un joven socorrista que lleg� a hacer la temporada en una piscina de Pozuelo de Alarc�n; dos hermanos paraguayos; un youtuber venezolano; tres amigos israel�es, de padres argentinos, del m�tico barrio porte�o de Once, donde comparten mates y asados los jud�os, �rabes, coreanos, peruanos, �tanos� y �gallegos�.El de la camiseta de Maradona es el agitador profesional de la jornada. Grita �viva Per�n�, le lanza a una amenaza a otro que le contesta �aguante Milei�, y hasta sospecha de evasores fiscales a los aficionados albicelestes que la transmisi�n muestra en la tribuna de Kansas City; �Pag� los impuestos, la concha de tu madre�, les pide.Los tres goles de Messi se vivieron con euforia y emotividad en el variopinto grupo de argentinos que se reuni� en la discoteca Zoe. Tambi�n hubo lugar para las discusiones pol�ticas sobre Milei.El resto sigue los primeros minutos con nerviosismo y siente un peque�o abismo con el 1 a 0 de Argelia que finalmente anula el VAR. Pero el primer gol de Messi desata la locura: todos se abrazan con todos, uno corre por la pista de la disco, exclaman �no se puede creer, no se puede creer�. Y en los dos gritos siguientes, con la victoria ya asegurada, en lugar de decaer el entusiasmo, la exaltaci�n crece.A m�s de uno, despu�s de la euforia, le llega la emoci�n, con ojos empa�ados como los de Lionel en el campo. Son 20 a�os de la Generaci�n Messi. La gran mayor�a de los migrantes que participan de esta reuni�n clandestina en las cloacas de Madrid eran adolescentes, ni�os o incluso no hab�an nacido en la vieja Argentina de 2006 cuando Lionel despuntaba para marcar en Alemania su primer gol mundialista. Fue ante Serbia y Montenegro, un pa�s que ya no existe m�s, como no existen los asados ni las medialunas de manteca en esta Espa�a de 2026. Pero Lionel sigue existiendo en todas estas vidas que transform� con su f�tbol. Con su hattrick de semi cuarent�n canta con Gardel que �20 a�os no es nada� y escribe junto a Borges: �El tiempo es un r�o que me arrebata, pero yo soy el r�o; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego�.El goce reguetonero de los colombianosEl pueblo colombiano sabe gozar. A los grupos de amigos y las parejas que llenan el c�ntrico y coqueto bar �La Santa� no parece pesarles la espera hasta las 4 am para ver el debut cafetero ante Uzbekist�n. La barra se queda sin las cervezas que incluye la entrada de 20 euros, pero no hay problema porque se puede beber ron a morro. No aguantan demasiado tiempo sentados porque hay reguetones que solo se pueden apreciar bailando. La que dice �Mami, prenda la radio, encienda la tele/ y no me molesten que hoy juega La Sele� es la �nica que compite en intensidad con el himno.A los colombianos no les pes� la espera hasta las 4 am: fue una vigilia a puro reguet�n y ron a morro. Tras la victoria, la fiesta sigui�. Los de amarillo eran los �nicos sonrientes entre los madrugadores del Metro.Comienza a verse el partido en las tres pantallas y la m�sica es reemplazada por la transmisi�n de Dazn. Hay quejas sobre los narradores espa�oles, m�s interesados en exhibir su erudici�n sobre el debutante equipo uzbeko que en seguir a una Colombia que llega a este Mundial con altas expectativas. Por eso se grita con el alma la apertura del marcador y se sufre como una cuchillada el empate. El mal trago dura poco y �La Sele� vuelve a ponerse arriba antes que termine el primer tiempo. As� que hay m�s copas y reguetones en el descanso, y la fiesta seguir� con el sol ya asomando luego del 3 a 1. Las camisetas amarillas terminar�n distribuidas en el Metro entre los madrugadores que van a la oficina. No los distingue solo la equipaci�n: son los �nicos sonrientes en el rutinario Madrid del jueves a las seis de la ma�ana.