Mientras los misiles cruzan el cielo de Medio Oriente, la pelota empieza a rodar en los estadios de Estados Unidos. La imagen parece imposible: países enfrentados en un conflicto atravesado por décadas de hostilidad, sanciones, amenazas y guerras indirectas, coinciden también en el escenario del deporte más popular del planeta. La presencia de Irán en el Mundial organizado por Estados Unidos encierra una paradoja difícil de ignorar. Para el régimen iraní, Estados Unidos no es simplemente un adversario. Desde la Revolución Islámica de 1979 es señalado como la máxima representación de los valores que el sistema teocrático considera una amenaza para su proyecto político y religioso. La libertad individual, el pluralismo, el secularismo, la igualdad de género y la democracia liberal son vistos como principios incompatibles con la visión revolucionaria del Islam que gobierna el país. En el fondo, la confrontación va mucho más allá de una disputa por intereses estratégicos. Lo que existe es un choque de

Esto no les gusta a los autoritarios

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