Llegó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia que enfrenta a Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella. No solo en el país, sino también en diferentes lugares del continente se vive una gran expectativa del resultado de este domingo. No es para menos, pues el pulso entre el candidato de la izquierda y el de la extrema derecha, quien salió triunfador en la primera vuelta, le hace un eco elocuente a la situación social y política en América Latina.La política del show del ultra sigue el libreto que ya ha dado resultados exitosos en el continente. Él es un candidato que le apunta a una generación del lujo y riqueza, aquella que aspira al triunfo del que usa todo a favor de su agenda personal sin importar el costo legal que conlleve. En su ejercicio profesional, De la Espriella se presenta como un ejemplo vivo de esa fórmula de éxito, se ha labrado un nombre defendiendo mafiosos. Se presenta como abogado millonario que se ha lucrado jugando al límite de la legalidad. Sabe cómo apelar de manera permanente al formato de espectáculo como hombre empresario en un país en que el dinero del narcotráfico ha permeado la economía y la política. El espectáculo impidió un debate de ideas y, en su lugar, De la Espriella esgrimió el lenguaje verbal y simbólico de la virilidad y el autoritarismo.En cuanto a Iván Cepeda, es importante señalar que su campaña representa una izquierda que enfatiza el avance de la agenda de reformas sociales que inició el actual Gobierno. Por eso mismo, ha sido objeto de la campaña de choque contra el Gobierno del presidente Petro. De otra parte, las áreas rurales no contaron con los recursos suficientes para adelantar la campaña, y esta es una población de importancia crucial en el mapa electoral colombiano. En este contexto, son tres las realidades que perfilan los contornos de la contienda electoral final hacia la presidencia de Colombia, a saber: el dato geopolítico marcado por la creciente influencia del gobierno de Estados Unidos en la región, el clima de polarización del ambiente público en Colombia y el protagonismo del pueblo en tanto sujeto político.1. La injerencia de Trump y los republicanos en la elección presidencial en Colombia se ha evidenciado en asuntos como el apoyo público a candidatos reaccionarios y afines a Estados Unidos. Este es ya un rasgo del panorama actual que se ha instalado en la región. La Casa Blanca incidió directamente en elecciones en Argentina, Chile, Honduras y Costa Rica. En lo relacionado con Colombia, la Administración de Trump optó por adelantar sin recato alguno una campaña a favor de Abelardo de la Espriella. De poco importó el relacionamiento estrecho que el candidato de la extrema derecha ha cultivado con líderes paramilitares, de quienes fue su abogado, ni tampoco los señalamientos de algunos de sus mismos clientes que lo acusan de haber sobornado jueces y legisladores para influenciar sus decisiones. Si esta injerencia triunfa, Colombia se puede constituir en una instancia más del avance del poder de Washington en la reconfiguración de su influencia en el continente. Trump no ha ocultado ese propósito, pues no duda en afirmar que le gusta el modelo de Nayib Bukele, su estrategia de seguridad que privilegia la militarización sobre la acción política, aplicada a Colombia implicaría el regreso al relato de la seguridad como la forma de ganar elecciones en la región. 2. La polarización de la sociedad colombiana no es nueva. Al contrario, las tensiones entre polos extremos han sido recurrente. Durante el proceso de paz y su referéndum en 2016 era palpable el deseo en la población de resolver los conflictos por medio del diálogo y la concertación y así dar inicio a transformaciones estructurales que pudieran cambiar al país en su conjunto. Colombia es uno de los países en donde se concentra en muy pocas manos la riqueza y el poder. La concentración de la riqueza es tal, que la desigualdad impide el pleno desarrollo de la sociedad ya que también incide en el acceso a derechos básicos como salud y educación, servicios públicos, vivienda, entre otros aspectos, que llevan a que se postergue el desarrollo integral, a pesar de su urgencia. Es difícil que no haya polarización en contextos donde claramente se le está disputando el poder a la clase dominante. La derecha y la ultraderecha se unieron al candidato que ofrece ser el más radical. Muchas de sus afirmaciones y posturas recuerdan al fascismo, con lo que subraya un polo que ya ha jalonado el espectro político a los autoritarismos desplegados en la región por líderes como Bolsonaro, Milei, Kast y Noboa. 3. El pueblo como sujeto político. No se trata tan solo de los habitantes de un Estado, sino que el pueblo en tanto sujeto político representa un sector fundamental en una sociedad. En Colombia, ese sector está conformado por sectores que han quedados postergados y empobrecidos y que son los que quieren una transformación de la sociedad y del orden establecido. Es el sujeto que demanda la recuperación de la dignidad, que ha sido objeto de los poderes de turno y que han desconocido su voz y su necesidad vital de construir un poder que potencie sus derechos fundamentales. El Estado colombiano ha sido administrado históricamente de manera tal que se sustenta en una violencia institucionalizada a la que responde el rostro de un sujeto que se organiza para hacer realidad una la democracia directa que le permita avanzar en las transformaciones sociales que garanticen la vida. En 2021, la dinámica del sujeto pueblo fue conocida como “estallido social”, una movilización que fue fundamentalmente una respuesta de sectores sociales, en su mayoría la juventud, golpeada por condiciones de exclusión y de pobreza que salió a las calles y carreteras. En pocas horas se conocerá el resultado de las urnas en la segunda vuelta presidencial y podremos confirmar si se impone Abelardo de la Espriella, que impondrá el retorno ya reseñado, el freno a los avances de los sectores sociales de los últimos años. Si es Iván Cepeda quien se imponga, la agenda social y las reformas pendientes contarán con la posibilidad de seguir avanzando. El costo será el de tener en contra los sectores históricamente privilegiados que seguirán disponiendo de un gran poder.El resultado de la segunda vuelta impactará el continente y, de manera inmediata, a Brasil que tendrá elecciones en octubre de este año. En Colombia persiste un acuerdo de la mayoría de su población, a favor de la soberanía y del fundamento de que el futuro del país lo defina su propio pueblo.
Las tres realidades que hoy eligen presidente en Colombia
La creciente influencia de Trump, el clima de polarización y el protagonismo del pueblo marcan la votación
Colombia elige entre Cepeda e De la Espriella; Trump apoya explícitamente a la extrema derecha. La polarización latinoamericana bajo presión geopolítica estadounidense genera incertidumbre para inversión tech e infraestructura digital.













