Tu pregunta está de total actualidad porque hay una gran conversación sobre la metabolización de las cremas corporales por el cuerpo humano. Para empezar, no podemos olvidar que la piel es el órgano más extenso del cuerpo.

Una de sus funciones principales es la de servirnos de barrera de protección. Debido a esta función, supone una defensa para todo lo que nos aplicamos a nivel tópico, es decir, sobre ella, y que pueden ser cremas, pero también fragancias, desodorantes, maquillajes, etc. Esta capa protectora de la que te hablo es la más externa de la piel y se llama epidermis. Es una barrera muy eficaz y, lo que es muy importante a la hora de responder a tu pregunta, no tiene vasos sanguíneos. Parte de las cremas o de los diferentes productos que nos aplicamos sobre la piel se quedan ahí, en esa primera capa —la epidermis— y, dependiendo de su composición, algunos de ellos forman una barrera. Esa película nos protege de las agresiones externas, puede hacer que se reduzca la pérdida de agua interna, y los productos aplicados se van eliminando con el roce, el lavado o la descamación.

A diferencia de los alimentos o los medicamentos que se ingieren por vía oral y pasan al aparato digestivo para ser absorbidos y metabolizados, lo que quiere decir que el cuerpo realiza una serie de reacciones químicas que transforman esas sustancias en otras más simples, los productos aplicados sobre la piel deben atravesar esta barrera cutánea, esta parte más externa de la epidermis. La mayor parte de los componentes de una crema cosmética no atraviesa esta barrera en cantidades significativas. Sin embargo, algunos ingredientes pueden penetrar en capas más profundas de la piel y alcanzar la dermis, donde existen vasos sanguíneos. Cuando esto ocurre, pequeñas cantidades de estos compuestos pueden incorporarse a la circulación sanguínea y ser distribuidas por el organismo. Una vez absorbidos, pueden metabolizarse y eliminarse mediante los mecanismos habituales del cuerpo, principalmente en el hígado y los riñones.