José Antonio Marina es un funcionario de la humanidad. Alguien cuya trayectoria ha estado dedicada a explorar los laberintos mentales y sociales que ayudan a comprender conceptos como la felicidad, la inteligencia, la memoria o, en su último libro, las adicciones.
La vacuna contra las adicciones (Ariel) parte de tres propósitos: proponer una especie de cartilla de antídotos contra las conductas adictivas, reivindicar el papel de la filosofía y defender el poder creador de la memoria. A partir de esas ideas, Marina reflexiona sobre el equilibrio frágil entre lo que somos y lo que aspiramos a ser, la vulnerabilidad de la democracia y la importancia de educar para resolver problemas.
Esta es la conversación que mantuvimos el martes con motivo de la presentación de su libro en Barcelona. El diálogo ha sido editado para facilitar su lectura.
¿Qué son las adicciones? En el libro dice que no son un problema, sino una mala solución a un problema.
Una adicción es el hábito compulsivo de consumir sustancias o realizar conductas nocivas para la persona, que produce una pérdida de control y resulta muy difícil de abandonar porque la abstinencia provoca sufrimiento, lo que vulgarmente se llama “mono”. Tradicionalmente, se dividen en adicciones a sustancias, como en el caso de las toxicomanías, o adicciones a comportamiento, como en el caso del juego, las compras, y últimamente el uso descontrolado de las tecnologías digitales.











