Presidente del partido con más poder institucional, el más votado en las últimas generales, municipales, autonómicas y europeas, reforzado por sus recientes triunfos en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, Alberto Núñez Feijóo no tiene contestación interna en el PP. La inmensa mayoría de las encuestas lo sitúan no solo primero para las generales, sino al frente de un bloque derechista que supera la mayoría absoluta. Es decir, con La Moncloa a tiro.Y a pesar de todo, a pesar de esta posición favorable, pesan nubarrones sobre su liderazgo.No son nubarrones en forma de cuestionamiento desde sus propias filas. Nadie en el PP le discute el derecho al segundo intento de conquistar el poder. Son nubarrones en forma de notas bajas en los indicadores que miden el tirón de un candidato: valoración, deseo de que sea presidente, confianza en su figura. Ahí afloran los déficits, con registros peores que los de sus rivales, Pedro Sánchez en el PSOE y Santiago Abascal en Vox, y también peores que los barones de su partido. Todos ellos son datos que apuntan a que la marca Feijóo no es un activo para sus siglas e incluso, coinciden tres expertos consultados, supone un freno para sus expectativas.Pero, ¿no son buenas las expectativas para el PP? La media del CIS y 40dB. le asigna un 29,7% del voto, dato similar al de la síntesis de sondeos del medio estadounidense Politico. No es mal registro, a primera vista. Otra cosa es mirado en detalle. Con el PSOE agobiado por la corrupción, el PP sigue por debajo de su resultado de las generales, de más del 33%, y claramente por debajo de su rendimiento en las cuatro autonómicas celebradas desde diciembre. “Tras ocho años de desgaste del Gobierno y con la crónica política convertida en crónica judicial, extraña que el PP no esté más arriba”, observa Toni Aira, profesor de Comunicación Política en la Pompeu Fabra-Barcelona School of Management y autor de Mitólogos: el arte de seducir a las masas (Debate, 2025). A su juicio, hay dos motivos. El primero es que el principal beneficiario del retroceso del PSOE es Vox, la opción “más antipolítica”. El segundo factor que pone “plomo en las alas” del PP es Feijóo, un líder que incumplió la promesa de hacer “política para adultos” al abonarse a “un tono agrio que recuerda a unos al ‘váyase, señor González’ de José María Aznar, a otros a Isabel Díaz Ayuso y a otros a Abascal”, pero sin ser “ninguno de ellos”, analiza Aira. “Se ha quedado en tierra de nadie”, resume.ValoraciónEn el CIS de junio, los encuestadores piden a 4.000 entrevistados que valoren de 1 a 10 a los principales líderes políticos. Feijóo obtiene un 3,79, menos que Sánchez (4,21) y Yolanda Díaz (4,05), por la que siguen preguntando aunque no se presentará a las generales, y solo por delante de Abascal (2,99). Pero ese dato bruto interesa poco a los estrategas de los partidos, porque puede ser engañoso. Sobresale el caso de Rosa Díez, que siendo líder de UPyD llegó a ser la política más valorada, pero lo era porque no despertaba grandes rechazos en gente que no la votaría jamás. Su partido desapareció. En cambio, Abascal, que nunca ha alcanzado las notas de Díez porque la izquierda lo valora cerca del cero, tiene a su partido consolidado como tercera fuerza de España. Así que es más relevante la nota de cada líder entre los votantes de su propio partido, o en todo caso de los partidos donde aspira a pescar. Si el candidato flaquea ahí, facilita las fugas a otras opciones y dificulta las llegadas de voto nuevo, coinciden los expertos en demoscopia. Feijóo es, entre los principales líderes, el que recibe la nota más baja de los electores de su propio partido, un dato en el que el CIS coincide con otras casas como Ipsos y que denota “falta de entusiasmo” entre sus bases, expone Daniela S. Valencia, experta en campañas y estrategia política. La nota del presidente del PP también es inferior a la de sus barones.Feijóo ha perdido tirón tomando como referencia tanto su llegada a la presidencia del PP en 2022 como la primera toma demoscópica tras las generales de 2023, cuando fue el candidato más votado, pero no logró una mayoría para la investidura y Sánchez sí. Y lo ha perdido no solo entre los votantes del PP. También entre los votantes de las dos fuerzas en cuyos electorados aspira a captar más apoyos, el PSOE y Vox. Con todo ello, le quedan solo dos consuelos. Su valoración es más alta que la que tenía Pablo Casado antes de su choque letal con Ayuso y también mejor que hace un año, antes de la eclosión del caso Cerdán, episodio que abre un periodo de leve mejora de sus indicadores, aunque siempre lejos de sus etapas más pujantes.Preferencia como presidenteLa pauta se repite al preguntar quién es el preferido como presidente del Gobierno. Feijóo queda por detrás de Sánchez en porcentaje de encuestados que lo prefieren en La Moncloa: 25% a 13,4%. Y si solo se tiene en cuenta a los votantes de sus propios partidos, lo adelanta también Abascal. El líder del PP llegó a estar incluso por debajo del presidente de Vox como presidente preferido en el total de la población, situación que se corrigió en marzo coincidiendo con el frenazo del partido ultraderechista tras su apoyo al ataque de Donald Trump a Irán. En las respuestas espontáneas que ofrecen los encuestados, un 8,3% de los votantes del PP citan a Ayuso como presidenta del Gobierno preferida, pese a que no hay previsión de que sea candidata a La Moncloa.La posición de Feijóo es aún más desfavorable si se compara con los candidatos del PP antes de las cuatro últimas autonómicas.La curva de Feijóo en este indicador, el de preferencia como presidente, guarda similitudes con la de valoración. El líder del PP rinde mejor que hace un año, pero peor que cuando fue elegido y que después de las generales de 2023, cuando vivió un momento de apogeo del que queda poco rastro.ConfianzaEl porcentaje de quienes declaran “mucha” o “bastante” confianza en Feijóo es inferior al de quienes la declaran por Sánchez, tanto en el total de la población como en los votantes de sus respectivos partidos. Feijóo también ha levantado algo de vuelo el último año y está en mejor posición de la que estaba Casado, pero ha perdido crédito a raudales desde su llegada a la cima del partido, tanto entre sus votantes como entre los del PSOE y Vox.La marca Feijóo también se ha deteriorado con fuerza entre los votantes de las fuerzas nacionalistas de derechas. Entre quienes apoyaron a Junts y al PNV, un 0% y un 3,2% lo citan como presidente preferido, respectivamente, frente a un 28,9% y un 37,9% que dan el nombre de Sánchez. Su valoración ha caído. Si la nota media que daban los votantes de ambos partidos a Feijóo cuando llegó a la presidencia era de un 4,38, ahora es de un 2,33. En cuanto a la confianza, ocurre lo mismo. Cuando llegó a Génova, casi un 10% de los votantes de Junts confiaban en Feijóo y hasta un 31,1% de los del PNV. En el CIS de junio, son un 0% y un 6,3%. Con esos números, siempre muy inferiores a los de Sánchez, es difícil que ambos partidos se embarquen en proyectos junto al PP, por ejemplo una moción de censura.Un triple desafío¿Qué falla? Al liderazgo “en tierra de nadie” al que alude Toni Aira añade otro problema Daniela S. Valencia, directora de la consultora política Vibrante. Ante el triple desafío del “hiperliderazgo” de Sánchez en el campo progresista, la pegada mediática de Ayuso dentro del PP y la presión de Abascal desde su derecha, Feijóo ha optado —explica— por “enrocarse en el antisanchismo” sin subrayar lo suficiente su condición de “gestor competente”, dejando así un “vacío narrativo” donde debería estar detallada su propuesta de futuro. Desde el equipo de Feijóo, ven al presidente del PP “más fuerte que nunca”. Los “indicadores” más fiables, indica un portavoz, “son los que transmite la calle, donde paran a Feijóo para animarlo y decirle que ya queda menos”. “Hemos consumido tres cuartas partes de ese mandato con el liderazgo demoscópico y hemos conseguido que la agenda la marque el PP y no el Gobierno”, añade el portavoz, que recalca que la comentada entrevista de Feijóo esta semana en El Hormiguero ha servido además para evidenciar la “diferencia de momento anímico” con el Gobierno, “que sufre con Zapatero declarando en la Audiencia Nacional” mientras el líder popular “se divierte con las hormigas”. Precisamente en esta entrevista en hora de máxima audiencia, Aira ve un intento de Feijóo de alcanzar un estatus que se le resiste: el de líder que amplía la base natural de su partido. “A día hoy no lo es. Otra cosa es si acaba siendo presidente, lo cubre la púrpura del poder y crece en carisma”, señala. Autor del ensayo Lucha de tribus. Mitos y verdades de la batalla política y la radicalización identitaria entre izquierda y derecha (La Esfera de los Libros, 2024), el consultor político Eduardo Bayón coincide con Toni Aira en que Feijóo “no ha tenido la capacidad de darle un plus al PP y ensanchar su espacio”. ¿Por qué? Su estilo no se ajusta al “momento emocional” de la política, la imagen templada que traía de Galicia ha sucumbido al “ecosistema madrileño” y suma múltiples “giros estratégicos”, sobre todo en la relación con Vox, que han desorientado a parte del electorado, responde Bayón, para quien el presidente popular también carga con la típica “debilidad” que arrastran los “líderes nacionales sin poder institucional frente a sus barones territoriales que sí lo tienen”. “Eso le pasó factura a Sánchez antes de llegar a presidente en 2018, supuso la caída de Casado y ahora le pesa a Feijóo”, señala. Todo ello repercute negativamente en la estimación de voto, coinciden los tres consultados. No solo contribuye a que el PP no llegue en la mayoría de encuestas a la marca de las generales, sino también a que no se acerque a lo cosechado en las urnas por María Guardiola en Extremadura (43,18%) o Juan Manuel Moreno en Andalucía (41,6%), quedando también por debajo de Jorge Azcón en Aragón (34,26%) y Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León (35,47%). Se puede alegar que Feijóo compite también en comunidades donde el PP es más débil, como Cataluña y Euskadi. Pero lo cierto es que pierde igualmente ante sus barones, ciñendo la comparación a las comunidades de estos. En los CIS preelectorales de las cuatro comunidades con comicios desde diciembre, la media de intención de voto —el dato bruto de voto declarado, sin cocina— a los candidatos autonómicos era del 30,32%. En cuanto a Feijóo, su media de intención de voto como candidato a las generales en esas mismas encuestas era del 26,52%. Con los mismos electores encuestados, el resultado era peor para Feijóo en las generales que para sus compañeros en las autonómicas.