Colombia vuelve a las urnas este domingo 21 de junio para decidir quién sucederá a Gustavo Petro en la Casa de Nariño, y lo hace con el guion invertido respecto al que el oficialismo imaginaba hace apenas un mes. En la primera vuelta del 31 de mayo, el ultraderechista Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, fue el candidato más votado —10.361.413 sufragios, el 43,74%—, por delante del senador Iván Cepeda, del Pacto Histórico, que se quedó en el 40,90% (9.688.361 votos) pese a que su candidatura transmitió públicamente que confiaba en superar el 50% y ganar en primera vuelta.PublicidadLa inesperada distancia, 673.138 papeletas según el recuento oficial, se ha mantenido a lo largo de estas tres semanas de campaña. Desde el pasado 15 de junio rige el silencio demoscópico —la prohibición legal de difundir encuestas en la semana previa—, y las últimas mediciones publicadas situaban a De la Espriella entre cuatro y más de siete puntos por delante de su adversario.Un choque de estilos y de programas. Iván Cepeda, de 63 años, es un veterano dirigente de la izquierda colombiana. Hijo del senador comunista Manuel Cepeda, asesinado en 1994, hizo carrera en la defensa de las víctimas de crímenes de Estado antes de convertirse en una de las voces más reconocibles de la izquierda parlamentaria. De oratoria sobria y carácter templado, encarna una izquierda que aspira a revalidar el gobierno. Enfrente, De la Espriella representa el polo opuesto: un outsider de 47 años, abogado penalista de causas mediáticas y sin experiencia de gestión pública, que ha levantado su candidatura sobre las redes sociales, la provocación identitaria y una puesta en escena espectacular —mítines sobre plataformas en el río, pirotecnia y el apodo de El Tigre— al estilo de las nuevas derechas radicales de la región.Un giro al centro que no termina de cuajarCepeda ha buscado en esta segunda vuelta ampliar su base política por el centro. El senador ha tenido que renunciar a uno de los emblemas del petrismo de los últimos cuatro años: el comité promotor de la Asamblea Constituyente —que aspiraba a sustituir la Constitución de 1991— dio por concluida la recogida de firmas, y el propio Cepeda agradeció la decisión calificándola de "acto de grandeza política", aunque después matizó que la convocatoria sigue siendo "una posibilidad". El gesto resume su apuesta para el 21J: rebajar aristas, lanzar guiños al centro político y tomar distancia de los episodios más ásperos del legado de Petro —un legado conflictivo, reivindicado por su base pero rechazado de plano por amplios sectores— sin renunciar al núcleo petrista que lo sostiene.Pero este viraje ha obtenido, por ahora, un resultado dispar: entre las principales figuras del espectro político, los apoyos a Cepeda han sido tibios, y ninguna de las grandes referencias del centro le ha dado el respaldo público que necesitaba. Sergio Fajardo, cuarto en la contienda y que sumó algo más de un millón de votos (4,26%), descartó cualquier adhesión, presentó su "decálogo del millón" como hoja de ruta para el próximo Gobierno y dejó claro que sus electores son libres; varios de sus puntos —el fin de la "paz total", el rechazo a la constituyente— lo alejan, en realidad, más de Cepeda que de su rival.PublicidadClaudia López, exalcaldesa de Bogotá y una de las figuras de referencia del centro reformista, avisó de que no votará a De la Espriella, pero advirtió de que eso no implica un apoyo automático al Pacto. Y Juan Daniel Oviedo, que fue fórmula vicepresidencial de la candidata de la derecha tradicional, Paloma Valencia, tampoco se ha sumado a ninguno de los dos. El centro, en suma, ha optado por la libertad de voto, y eso deja a Cepeda sin una palanca decisiva para crecer.Puertas adentro, el petrismo admite ahora, con autocrítica, que enfocó mal la primera vuelta. Durante meses, numerosas encuestas situaron a Cepeda al frente y algunas llegaron a dibujar escenarios en los que rozaba la mayoría absoluta el 31 de mayo. Esa expectativa generó una confianza excesiva: parte de la campaña y del oficialismo asumieron que la primera ronda sería un trámite camino de una victoria holgada por encima del 50%. No ocurrió nada de eso. Quedaron, de forma sorpresiva, por debajo del adversario y varios dirigentes próximos al candidato reconocieron en público el desconcierto interno que provocó el vuelco.En ese inventario de errores figura también un episodio que terminó volviéndose en contra del propio Pacto: la polémica de la camiseta. La campaña de De la Espriella pidió a sus simpatizantes acudir a votar con la camiseta amarilla de la selección, convertida en seña de identidad del movimiento y apadrinada por el candidato, que ha hecho del nacionalismo exacerbado una de sus bazas. El Pacto denunció ante la Federación Colombiana de Fútbol un uso "oportunista" del emblema, pero, consciente de que afrentar un símbolo tan querido en un país futbolero —y a las puertas del Mundial— era una batalla perdida, terminó rebajando el tono y dejando correr el asunto. Reculó, pero tarde: para entonces ya habían resurgido vídeos del propio petrismo animando a votar con la misma camiseta, y la controversia se había vuelto en su contra.PublicidadLas encuestas, en contra; el petrismo, aferrado al guion de 2022El cierre demoscópico de hace una semana no dejó dudas sobre quién parte como favorito. La última encuesta de Guarumo y Ecoanalítica dio a De la Espriella un 52,6% frente al 45% de Cepeda, 7,6 puntos de diferencia; el Centro Nacional de Consultoría lo situó por delante por algo menos de cuatro puntos, y todas las mediciones publicadas en junio apuntaron en la misma dirección. Un dato inquietante para la izquierda: la imagen favorable de Petro, que ronda el 50%, no se traslada íntegra a su candidato, cuyo respaldo queda varios puntos por debajo.Pese a ese panorama, fuentes próximas a Petro sostienen que el escenario aún puede revertirse. Su apuesta es el recuerdo de 2022, cuando la izquierda se impuso en el balotaje apoyándose en Bogotá y el Pacífico y movilizando a votantes que no habían salido en la primera vuelta. El propio Petro ha cuestionado el conteo —llegó a hablar de unos 800.000 registros irregulares en el censo y a no aceptar los resultados del preconteo— y ha internacionalizado el pulso hasta la ONU. Los analistas, no obstante, son prudentes: una proyección de probabilidades publicada esta semana por la revista Semana otorgaba en torno a un 75% de opciones a De la Espriella frente a un 25% a Cepeda. No es un partido cerrado, pero la remontada exigiría una operación de movilización que, por ahora, los sondeos no reflejan.De la Espriella: del río Magdalena a las puertas de la Casa de NariñoEnfrente, De la Espriella llega al balotaje con el viento de cara y un relato construido a imagen de las nuevas derechas radicales. Abogado penalista de causas mediáticas, empresario y sin un solo cargo público a sus espaldas, ha capitalizado el voto antipetrista y el malestar antipolítico de un país de baja confianza institucional. Promete gobernar con la "motosierra" de Milei, la mano dura de Bukele y el discurso anti establishment de Trump, a quienes admira abiertamente; ha planteado acabar con los diálogos de paz, endurecer la presión militar e incluso sacar a Colombia de la OEA y de la ONU. Su victoria del 31 de mayo sepultó al uribismo tradicional, reducido al 6,92% que obtuvo la senadora Paloma Valencia.Sus alianzas se han tejido a velocidad inédita. La derecha cerró filas: Paloma Valencia anunció su apoyo nada más conocer su derrota y Álvaro Uribe oficializó el respaldo del Centro Democrático con un escueto "hemos perdido" y un llamamiento a votar por el abogado para frenar lo que denomina el "comunismo". La criatura ha terminado absorbiendo a quien la engendró: el uribismo, que organizó la política colombiana durante dos décadas, pide ahora el voto para un outsider que lo ha desplazado. El propio candidato, sin embargo, rehúye las coaliciones clásicas —"no es momento de navegar en aguas tibias", ha dicho— y se reivindica como un líder sin ataduras partidistas, lo que complica el reparto de cargos y compromisos que toda alianza conlleva.Su coalición es, de hecho, un mosaico heterogéneo: reservistas y militares retirados, iglesias neopentecostales y evangélicas, élites regionales y libertarios al estilo Milei, sostenidos más por las redes sociales que por una estructura organizada. Ahí asoma su mayor vulnerabilidad de cara a un eventual mandato. Defensores de la Patria apenas obtuvo un diputado y cuatro senadores en las legislativas, una representación casi testimonial que le anticipa un Congreso ingobernable sin pactos. Para tranquilizar a unos mercados que reaccionaron con nerviosismo tras la primera vuelta, ha situado como fórmula vicepresidencial al exministro de Hacienda José Manuel Restrepo, un perfil técnico que contrasta con la estridencia del candidato. En el plano exterior ha recibido guiños de Javier Milei y Mauricio Macri y el respaldo implícito de Donald Trump, mientras el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, anunció el levantamiento de aranceles en una videollamada con él, una injerencia que Cepeda calificó de "vulgar y descarada".Colombia llega partida en dos. Cepeda necesita una remontada que la aritmética y los sondeos no le conceden de salida; De la Espriella, blindar una ventaja que las encuestas dan por consolidada. Este domingo dirá si el país consuma el giro a la derecha radical que anticipó el 31 de mayo o si el petrismo logra repetir, contra pronóstico, la épica de hace cuatro años.
El izquierdista Cepeda, obligado a remontar en una segunda vuelta en Colombia que da por favorito a De la Espriella
El candidato del Pacto Histórico ha tenido que renunciar a la constituyente, moderar el discurso y marcar distancia con el legado más áspero de Gustavo Petro para tender la mano a un centro que, de...














