OpiniónRespetando a quienes vayan a votar en blanco, hice mi propio ejercicio para decidir mi voto bajo cinco consideraciones que paso a analizar.PERIODISTA20.06.2026 23:01 Actualizado: 20.06.2026 23:01 Nunca he sido persona de votar en blanco, aunque es absolutamente correcto que se trata de un recurso constitucional y legítimo y que, bajo determinados requisitos, es válido. El voto en blanco es en gran medida liberador, cuando el votante desahoga en él su inconformidad o duda insuperable entre los candidatos en contienda, cuando es difícil sentirse representado por alguno. Pero a mí, personalmente, votar en blanco me hace necesitar a mi psiquiatra; porque me produce la sensación de que quedé incompleta como ciudadana y que ejercí mi deber y mi derecho de votar pero tan solo a medias. Con el voto en blanco me falta la seguridad de haber aportado a la decisión colectiva de contribuir en la escogencia de nuestro próximo gobierno. ¿Si no somos nosotros los que escogemos, quién va a escoger por nosotros?Así que, respetando a quienes vayan a votar en blanco, faltaba más, hice mi propio ejercicio para decidir mi voto bajo cinco consideraciones que paso a analizar.1) El respeto por la Constitución y por sus garantías democráticas. Por la separación de poderes —como dice Mauricio Gaona—, “principio, pulmón y muro indefectible de la democracia frente al abuso de poder”. Y por la arquitectura constitucional de frenos y contrapesos que pare excesos, abusos e interferencias entre las ramas del poder público. “Un proyecto autoritario, añade, se disfraza de voluntad popular o de asamblea constituyente para sustituir el imperio de la ley por el imperio de la voluntad del gobernante”.De eso tuvimos amagos suficientes bajo el gobierno Petro, insultando al Congreso cuando no le daba gusto; o a los magistrados, con nombre propio, cuando le llevaban la contraria. Por ello comenzó a recoger firmas: para chantajear al Estado haciendo lo que le venga en gana, pero aparentando una iniciativa popular hacia una constituyente, aunque todo el tiempo estuviera el Gobierno parapetado detrás. Su candidato Iván Cepeda se patraseó de la constituyente petrista y la sacó del menú de su eventual gobierno; luego se despatraseó, cuando en una entrevista lo empujaron a que nuevamente se comprometiera a no hacer constituyente. Y Cepeda no quiso o no pudo jugársela por el NO.Yo votaré por la democracia. Porque, como dijo Churchill, es la peor forma de gobierno, con excepción de todas las demás.2) La situación en la que deja económicamente Petro al país aumenta la urgencia de apretarse el cinturón sobre el plan de prolongar y hasta extender el asistencialismo. A la salud no le alcanzan los salvavidas; va a necesitar una flotilla de submarinos. Hay que restaurar la confianza. Cepeda no fue capaz de inspirarla. Y sin ella, no habrá inversión, y sin inversión no habrá prosperidad y seguiremos hundiéndonos en un gran cráter de pobreza y desesperanza y no lograremos enderezar la economía.3) Hay que rechazar de la manera más clara posible el gobierno más corrupto de la historia, que nos gobernará hasta el 7 de agosto. Y que dejará sembradas grandes secuelas en la burocracia. Fue un gobierno con el que Cepeda no quiso o no pudo marcar límites. Precisamente nos anunció que su primer propósito, si gana las elecciones, será hacerle un gran homenaje a Gustavo Petro Urrego. Lo que nunca dijo es por qué.4) A Colombia se la tomó el crimen organizado, cuyas principales fuentes son el narcotráfico y la minería ilegal. ¿Permitiremos que siga reinando, o daremos la lucha por recuperar la legalidad y el orden? ¿Tendremos que seguir aceptando que el ministro de Defensa, que está ahí en ese cargo para defendernos, salga ante los medios de comunicación una semana antes de las elecciones a advertirnos que habrá desorden y violencia en calles y carreteras del país?5) Hay que recuperar las buenas relaciones bipartidistas que durante 200 años hemos construido con los EE. UU., no solo para afianzar nuestro comercio internacional sino para apoyarnos en las ventajas logísticas que esta buena relación le garantiza a nuestra seguridad interna y externa.Hay que restaurar la confianza. Cepeda no fue capaz de inspirarla. Y sin ella, no habrá inversión, y sin inversión no habrá prosperidad y seguiremos hundiéndonos en un gran cráter de pobreza y desesperanzaEn la escogencia de mi voto ha pesado mucho lo que mi colega Thierry Ways dijo en estas mismas páginas el domingo pasado: “Si usted está indeciso, querido lector, ¿no sería mejor en este caso votar por la alternancia?Por eso, desafiando a los analistas que han condenado al país a que irremediablemente estamos votando “por miedo o por rabia”, declaro que, absolutamente libre de ambos sentimientos, votaré el domingo por el candidato que más se acerca a las condiciones mencionadas en esta columna.Pero no deseo dejar de advertir: entre mayor sea la diferencia de votos que le saque el candidato ganador al perdedor, más difícil le quedará a Petro ejercer su plan B de reclamar a toda costa que en Colombia hubo un gran fraude electoral.MARÍA ISABEL RUEDA Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. 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