EditorialCandidatos, ciudadanía y Presidente tienen hoy en sus manos a nuestra democracia.20.06.2026 20:58 Actualizado: 20.06.2026 23:01 Entre dos visiones del orden social opuestas deberán escoger hoy los colombianos y las colombianas que cumplan con su deber de acudir a las urnas, es de esperar que en paz y tranquilidad. A partir de las 8 a. m., millones de personas (lo ideal es que sean más de los 24 millones que votaron el pasado 31 de mayo) decidirán si es Abelardo de la Espriella o Iván Cepeda quien rija los destinos del país los próximos cuatro años.Es verdad que se trata de una decisión crucial, pero esta realidad es compatible con el hecho de que la fortaleza de nuestras instituciones y la solidez de nuestro sistema de frenos y contrapesos —como ha quedado claro en este cuatrienio— son un afortunado polo a tierra ante las lecturas fatalistas que por estos días circulan en el espectro político.Y mucho contribuye a que la nuestra, con sus fallas y falencias, sea una democracia robusta el aporte de la gente cuando ejerce con madurez su derecho a elegir. No sobra reiterar el llamado a acudir temprano a los puestos de votación para optar allí por una de las dos alternativas del tarjetón luego de sopesar, ojalá lejos, muy lejos, del ruido de las redes sociales, cuál de ellas es la mejor para el país. Se trata de no permitir que informaciones tendenciosas terminen sesgando sin fundamento en la realidad un ejercicio que exige plena responsabilidad.Pero además de esta, una serenidad que no acaba al salir del puesto de votación. Hoy más que nunca es tarea compartida revestir de confianza un proceso de preconteo y escrutinio sobre el que no recae ningún motivo fundado de duda, menos de sospecha. La Registraduría ha demostrado transparencia, integridad y eficiencia, lo cual ha sido reconocido por los observadores internacionales. Esto último hay que reiterarlo cuantas veces sea necesario. Y en esta labor todos ponen: los órganos de control, la Fuerza Pública, la ciudadanía y, sobre todo y en particular a la luz de hechos recientes, los candidatos y el mismo presidente Gustavo Petro.Porque, a juzgar por una publicación en su perfil de la red X del viernes pasado, el mandatario parece haber puesto oídos sordos a los múltiples llamados, incluidos los que hemos hecho desde estos renglones, para que deje de sembrar dudas sin evidencias sobre la Registraduría. Esa actitud es irresponsable y peligrosa.Por eso, valga una nueva invitación para que, aunque no sea la autoridad competente para certificarlos, no solo acepte los resultados de la primera vuelta, sino que se comprometa a respetar el veredicto de hoy una vez se termine el preconteo. Está en sus manos quedar ante el país y la historia como un demócrata.Ojalá no fuese así, pero lo cierto es que se corre el riesgo de que una declaración en caliente cause severos daños a una estructura que este país ha levantado durante dos siglos con enorme esfuerzoEn esta línea, venga de donde venga un eventual llamado a no reconocer los resultados, la ciudadanía tiene en sus manos no caer en dicha trampa, no ser instrumentalizada. El camino es acudir a fuentes de información confiables. Pero más que eso es a tomar conciencia de que hacerles eco a denuncias sin fundamento en un contexto de crispación y tensión puede desembocar no solo en una violencia que nadie quiere y a todos perjudica, sino también en daños a la credibilidad de la misma institucionalidad que nos mantiene a flote y garantiza la convivencia. En la sensatez ciudadana está en gran parte evitar desbordes indeseados. Por supuesto, en caso de un escenario de alteración del orden, la Fuerza Pública, a instancias de las autoridades civiles, sobre todo las del orden municipal y departamental, debe cumplir con su obligación constitucional de salvaguardar la vida, honra y bienes de la gente.Ojalá no fuese así, pero lo cierto es que se corre el riesgo de que, en un ambiente como el que se ha vivido, una declaración en caliente cause severos daños a una estructura que este país ha levantado durante dos siglos con enorme esfuerzo, a un costo muy alto en sufrimiento. Quien así proceda no está pensando en el bienestar de la inmensa mayoría del pueblo colombiano; quien decida irresponsable e indebidamente no aceptar las reglas del juego sin tener ningún fundamento fáctico y verificable para ello está jugando con la vida y la tranquilidad de todos.El Presidente y las dos campañas son los primeros llamados a dar ejemplo. Tienen la obligación de reconocer y acatar los resultados una vez estos se consoliden. Y quien resulte perdedor debe proceder a reconocer su suerte reafirmando así su talante demócrata. En sus manos y en las de todos está que nuestra democracia no solo supere esta prueba, sino que salga fortalecida. Es urgente, pues a la vuelta de la esquina le esperan a esta nación durísimos retos que solo podrán superarse en el entendido de que la unidad en la diversidad es lo que les permite a las sociedades ser capaces de tramitar conflictos, construir puentes, sembrar esperanza y multiplicar las oportunidades para su gente. Solo queda desear suerte, responsabilidad y mesura a todos los colombianos.EDITORIALeditorial@eltiempo.com Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. 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