Ha llegado la semana de las definiciones. El próximo domingo más de 20 millones de colombianos elegirán al próximo presidente de la República. Pero, en estas elecciones, definiremos mucho más que un presidente: concretaremos el rumbo de nuestro país por la siguiente década y quizá más.Nos enfrentamos a dos opciones antagónicas de nación. Hasta este punto nos arrastró el modelo de progresismo que Gustavo Petro indujo, aún antes de ser presidente. El “estallido social” fue el campanazo de lo que significaba el ascenso de la izquierda al poder, pero, sobre todo, de una izquierda que navegaba solamente en la mente de Petro; y que no ha logrado concretar a pesar de sus cuatro años de gobierno.Una izquierda con toda la anticuada impronta de la lucha de clases. Los seguidores del Pacto Histórico, se dedicaron a seguir ese libreto, a recitar cada estrofa, a sembrar la división y el odio entre los colombianos. Un odio que venía de lejos y que no lograron trascender, a pesar del acuerdo de paz y la mano tendida de la sociedad colombiana.Ya en el poder, el mayor enemigo de la izquierda sectaria y extrema -que nos vendió Petro- ha sido la institucionalidad. El mayor capital social del Estado colombiano, institucionalidad llena de fallas y deficiencias, nuestros mismos defectos y virtudes. Durante décadas esas instituciones nos protegieron de la disolución como país, de la violencia armada, el narcotráfico y malos gobiernos.No son las reformas sociales que impulsa en el progresismo las que requieren implementar una constituyente que destroce la institucionalidad. Esa es una falacia que esconde la verdadera razón: El proyecto progresista necesita la hegemonía del Estado para imponerse y sustentarse a largo plazo, frente a una sociedad que se resiste porque aún cree en los valores democráticos. Es el camino constituyente que abrió Hugo Chávez en su momento de mayor popularidad y que tampoco Gabriel Boric pudo imponer en Chile. La vieja receta del progresismo latinoamericano.Necesitan destripar las instituciones -a través de su constituyente-. El proceso fracasado de cambio democrático le demostró a Petro que cuatro años no alcanzaban para consolidar su hegemonía. Apostó a hacer alianzas con los personajes más nefastos del establecimiento para alcanzar el poder y transformar la sociedad, pero su resultado no fue el más satisfactorio.Por esa razón el proyecto de Iván Cepeda tampoco es viable sin una constituyente. Sus esfuerzos para maquillar su programa de gobierno y borrar de tajo cualquier mención a una constituyente que no solamente parecen bizarros sino risibles. Detrás de cada palabra y cada acción de Cepeda -y su rebaño- se notan las orejas de lobo de su constituyente. Su programa luce, huele y sabe a constituyente.Los colombianos debemos ser conscientes y debemos salir a votar copiosamente. Lo que nos jugamos va más allá de una simple alternancia del poder. Representa la posibilidad de mantener una sociedad democrática y participativa o, por el contrario, abrir de par en par las puertas de Estado a un proyecto hegemónico, ideologizado y totalitario. Repotenciado por el talante obtuso y radical de Iván Cepeda.Si, De la Espriella representa una drástica alternativa. El país llegó a tal nivel de polarización porque frente a riesgos extremos no caben titubeos. Ese efecto quedó plasmado en los resultados de la primera vuelta. La mayoría de los colombianos dejó de lado cualquier opción ligera. Las mayorías pensaron que no estábamos en momentos para indefiniciones, titubeos y el resultado fue contundente.Para la segunda vuelta es necesario -no solamente ganar- sino dar a De la Espriella el suficiente respaldo popular para asegurar una gobernabilidad en aguas que serán muy difíciles. Incluso, frente a un Congreso que tiene que recibir ese mensaje de unión de los colombianos, para un proyecto que nos lleve a superar la polarización. Difícilmente, en las calles, la izquierda superará a un líder cargado de soberbia, sin poder y con la sombra del fracaso de su proyecto político. Ese debería ser el primer pensamiento de De la Espriella el 22 de junio si resulta elegido: Cómo empezar a curar las heridas que la polarización progresista dejó en la sociedad colombiana.
¿Cuál Colombia queremos?¿Cuál Colombia queremos?
Los colombianos debemos ser conscientes y debemos salir a votar copiosamente.








