Este 21 de junio se celebra la segunda vuelta presidencial en Colombia. Es, tal vez, la contienda electoral más decisiva para el futuro del país en los últimos años. Aunque algunos muestran a los candidatos como dos extremos políticos, lo cierto es que representan dos visiones de país. Dos perspectivas en las que sólo uno de ellos se sitúa en el extremo de la derecha, mientras que el otro se mantiene escrupulosamente en el marco democrático. De un lado está Iván Cepeda Castro, filósofo, defensor de derechos humanos y senador de la república, que ha dedicado su vida a las víctimas, al diálogo y a la paz. Del otro está Abelardo de la Espriella, un abogado que aspira a llegar al poder con una promesa de seguridad, orden y un supuesto respeto constitucional que denomina “patriotismo constitucional”.

El problema del abogado es que sus propuestas desmantelan las garantías e instituciones que sostienen ese orden, lo que contradice su discurso. También ha hablado de «destripar» a la izquierda en un país donde esas afirmaciones fácilmente pueden ser hechos tangibles. Uno representa la concertacióny el pluralismo; el otro, aunque se presenta como outsider, encarna los intereses de la política tradicional que critica, con cuyos sectores está aliado. Además, amenaza con poner en riesgo la soberanía nacional al solicitar injerencia extranjera.