EditorialNo a las manifestaciones violentas, salidas de toda proporción, injustificadas y que terminan por golpear a los más débiles.Elecciones en Colombia. Foto: Composición EL TIEMPOEDITOR GENERAL20.06.2026 23:01 Actualizado: 20.06.2026 23:01

Hay que aprender de la experiencia y de las cosas malas que nos suceden para no repetirlas o para enfrentarlas mejor. Y una de las que no debemos repetir son las manifestaciones violentas, salidas de toda proporción, injustificadas y que terminan por golpear a los más débiles, a los que no tienen cómo defenderse.Bogotá lo vivió hace cinco años. Acá también, como en el resto del país, sufrimos bloqueos, destrucción, amenazas; hubo muertos, hubo heridos, gente que se encerró en su casa y pequeños comerciantes que lo perdieron todo. O casi todo.Se destruyó el patrimonio público, ese que pagamos con nuestros impuestos; se interrumpieron clases, asaltaron nuestras casas, otros tuvieron que venderlas porque los manifestantes convirtieron los sitios de las tomas en lugares peligrosos. Las carreteras del departamento fueron bloqueadas por personas a las que nunca se habían visto merodear, no eran vecinos, no eran campesinos, pero se adueñaron de nuestra libertad. Eran violentos en sus acciones y su modo de hablar. Muchos ni siquiera sabían por qué protestaban o por qué sellaban un camino veredal. Era una orden y solo la cumplían a cambio de 50.000 u 80.000 pesos.Del otro lado estaba el campesino o la campesina que no pudo vender la leche, ni los huevos, ni el queso, ni las hortalizas, ni la papa. Y los empresarios más pudientes vieron cómo sus empresas eran vandalizadas y sus empleados amenazados, al tiempo que hordas de manifestantes gritaban consignas por una mejor educación, una mejor salud, una vivienda digna. ¿Y qué pasa hoy? Estuve en una de esas marchas hace cinco años para verlas por dentro. Era de jóvenes universitarios, en la calle 45 con séptima, festivas, alegres, cargadas de mensajes. No me tocó la violenta de las Américas, por ejemplo, donde una familia sigue esperando que la mal llamada ‘primera línea’ le responda por el degollamiento de su pariente por culpa de un bloqueo. No, esta marcha era como deberían ser todas: pacíficas y respetuosas de los ciudadanos que tienen derecho a una libre movilización. Sin embargo, esos jóvenes perdieron: ni los 500.000 cupos gratis prometidos, ni las nuevas universidades, ni créditos blandos en el Icetex, ni recursos para sus laboratorios, ni calidad, ni mejores pruebas, ni bilingüismo, ni empleo, ni apoyo a la investigación. Pero eso sí, premiaron a los que falsificaron títulos universitarios.Gustavo Bolívar amenaza ahora con otro estallido social según como se den los resultados de las elecciones hoy. Y no se sonroja. No titubea. Y otros de su misma cuerda repiten el discurso como si de verdad esa fuera la salida, como si los ciudadanos de verdad fuéramos tontos, como si no entendiéramos lo que significan esas amenazas veladas, como si estuviéramos dispuestos a repetir la historia. Quizás sea solo meter miedo, como dicen algunos, pero como en el viejo cuento de García Márquez, un rumor esparcido de forma irresponsable, adobado con discursos incendiarios, nos puede llevar a la destrucción sin saber por qué. Las estaciones de TM siempre resultan afectadas tras actos de vandalismo. Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPOLas pérdidas en Bogotá fueron multimillonarias. Y ya veníamos con el lastre del covid, que de entrada se llevó un millón de empleos en la ciudad. Pero a eso tuvimos que sumarles los desmanes y la destrucción que dejaron los encapuchados violentos y pagados vaya uno a saber por quién e infiltrados por grupos terroristas. Y recuperarnos no ha sido fácil, por fortuna se han tomado las decisiones correctas y hoy Bogotá tiene indicadores positivos para mostrar, como la reducción de la pobreza, el crecimiento del PIB, subsidios para los más pobres, empleo para miles de personas y un comercio que no se ha dejado vencer. Y poca, muy poca ayuda del Gobierno Nacional. Y Bogotá, irónicamente, fue la que le dio el triunfo al Presidente que más la ha abandonado.¿Queremos que se repita la historia? No, lo que tenemos que hacer hoy es salir a votar temprano, y no solo por un candidato, sino por una postura: en contra de quienes quieren desconocer los resultados y amenazan con volver a destruirlo todo. Hay que votar por respeto a nuestras instituciones y a nuestra democracia. Hay que votar con la esperanza de un mejor país. Hay que votar como si fuéramos el Cucho Hernández: sin miedo y con decisión.ERNESTO CORTÉS FIERROEditor GeneralEL TIEMPO@ernestocortes28erncor@eltiempo.comLea también: Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.