La política es un teatro y por eso hablamos de actores. Esto no implica que la representación sea necesariamente falsa, sino que hacer política tiene una dimensión pública insoslayable. Y el Congreso es uno de sus escenarios principales. En ese teatro los periodistas también son actores con influencia. Hay dos momentos sensibles de la cobertura. Uno es la reunión de la Comisión de Labor Parlamentaria que define los temas de la sesión, y el segundo es la explicación posterior de lo que pasó en el recinto. Si bien hay una negociación previa, también se desarrolla cierto poker entre los bloques y pueden violarse códigos políticos y salirse del guión. En esos dos momentos se construye o se destruye la confianza entre legisladores y periodistas. El rol del Congreso en la vida democrática es hoy poco valorado y eso se agrava porque nadie lo defiende. Las direcciones de comunicación suelen estar dedicadas a una comunicación institucional personalista, donde la visibilidad tiende a ser de las autoridades parlamentarias, pero no defienden en el debate público al Congreso como institución democrática.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.








