Washington tiene sus ojos puestos en las elecciones colombianas de este domingo. La victoria de Gustavo Petro en 2022, la primera de un líder izquierdista en la historia del país cafetero, hizo tambalearse la histórica alianza —calificada por algunos de subordinación— entre EEUU y Colombia. Donald Trump está resuelto a devolver al redil al socio histórico y ha irrumpido en campaña haciendo una defensa a ultranza del candidato derechista Abelardo De la Espriella, favorito para imponerse en la contienda. "Es un honor darle mi apoyo total y absoluto", dijo el presidente estadounidense dos días después de la victoria de De la Espriella con el 43,74% de los votos en la primera vuelta del 31 de mayo. En el mismo mensaje, difundido, como es habitual, a través de redes sociales, Trump calificó como "marxista de izquierda radical" a Iván Cepeda, el candidato progresista heredero de Petro, que recabó un 40,90% de los sufragios. Lo hizo sin nombrarlo. Señaló además que el resultado de este domingo será "muy importante" para las relaciones de Colombia y EEUU. El mandatario estadounidense reiteró su postura asegurando que si el abogado De la Espriella gana, entonces el país cafetero tendría el "apoyo y la fuerza total" de EEUU. Esta misma semana certificó el apoyo directo con un nuevo mensaje calificando al candidato como un "líder inteligente, fuerte y duro" y asegurando que si gana minará "el crimen y las drogas, y restaurará la ley y el orden", llamando a los colombianos a votar por el abogado. Esos mensajes de Trump suponen la confirmación al máximo nivel de la adhesión irrestricta a la campaña de De la Espriella que desde hace meses profesan los senadores republicanos de Florida cercanos al secretario de Estado Marco Rubio, incluso cuando había en la urna otras opciones de derecha. Era el caso de Paloma Valencia, la candidata del partido del exmandatario Álvaro Uribe (2002-2010) y que apenas recabó un 6% de los votos en primera vuelta. Colombia optó entonces por la derecha dura, sin tibiezas y antisistema que ya ha ocupado el espacio conservador en otros países como Brasil y Argentina. Muy pronto, la derecha estadounidense identificó a De la Espriella al candidato con más posibilidades para ganar —lidera las encuestas de cara a la segunda vuelta, con unos seis puntos de ventaja— y recuperar un socio clave para Washington. TE PUEDE INTERESAR El más dependiente "socio" "Colombia ha sido siempre un país que ha dependido de EEUU, como toda América Latina, pero de una forma muy singular, viéndonos siempre en situación de subordinación y siguiendo un poco la política exterior de Washington", comenta el politólogo colombiano Andrés Dávila Ladrón de Guevara, de la Universidad Javeriana. "Ha habido algunos momentos muy claves de subordinación, como haber sido el único país de América Latina que apoyó a EEUU en su respaldo a Inglaterra en la guerra de las Malvinas. En aquella época nos llamaron el Caín de América. Por esa misma relación, Washington siempre ha estado pendiente de quién gana", añade Dávila a El Confidencial. La estrecha relación no es solo a nivel ideológico, sino también logístico y militar. "Para EEUU es importante recuperar esa postura histórica de Colombia frente a EEUU porque sigue siendo un gran proveedor de información, de inteligencia", asegura, por su parte, el analista Jorge Mantilla, quien considera que el país cafetero ha sido por décadas un "pivote geopolítico" para Washington en América Latina. TE PUEDE INTERESAR "Sigue siendo muy importante para EEUU sobre todo en la perspectiva de la nueva doctrina 'Monroe' y esa apuesta geopolítica que tiene Washington en la región y en el Caribe, particularmente los intereses sobre Venezuela y porque al final, desde el punto de vista de la seguridad, Colombia sigue siendo el principal productor de cocaína a nivel global", destaca Mantilla. La relación entre Petro y Trump ha sido turbulenta desde la misma vuelta del magnate al poder. Apenas unas semanas después de su retorno al despacho oval, Petro se negó a dejar aterrizar un vuelo de colombianos deportados de EEUU y se produjo el primer desencuentro que a punto estuvo de romper las relaciones bilaterales. En un momento dado, Trump incluso suspendió toda la ayuda de EEUU a Colombia, y Petro tuvo que recular. Meses después, en septiembre, EEUU le quitó a Colombia la categoría de socio en la lucha contra las drogas alegando el crecimiento de los cultivos de coca, y días más tarde Trump elevó la tensión al calificar sin pruebas a Petro como un “líder narcotraficante”, retirándole además el visado estadounidense. Desde entonces se abrió una peligrosa etapa, coincidiendo con el acoso de EEUU al líder venezolano Nicolás Maduro. El presidente estadounidense se refirió en varias ocasiones a la posibilidad de "realizar acciones militares contra el narcotráfico" en Colombia y, subido en el Air Force One el mismo día que Maduro era capturado y llevado a EEUU, Trump volvió a repetir sus advertencias: "Colombia está dirigida por un enfermo al que le gusta fabricar cocaína y enviarla a EEUU". Una corresponsal le preguntó si eso significaba la posibilidad de una acción militar estadounidense contra Colombia. "Me parece bien", respondió. TE PUEDE INTERESAR Ambos enterraron el hacha de guerra en una visita en febrero del líder colombiano a la Casa Blanca. Eso sí, los senadores republicanos de origen latinoamericano han continuado en estos meses señalando duramente a Petro y también a Cepeda. En realidad, Trump solo necesitaba algo de paciencia y seis meses más. Por ley electoral, Petro no podía presentarse de nuevo, y De la Espriella se ha adelantado para tomar el testigo. El pecado original de De la Espriella El apoyo ahora a De la Espriella ha generado, eso sí, fuertes críticas en EEUU. Una veintena de congresistas demócratas censuró el primer mensaje de apoyo de Trump. Afirmaron que las elecciones presidenciales deben ser decididas únicamente por los colombianos. "La intervención de Estados Unidos en los procesos libres y democráticos de toda América Latina debe terminar", señalaron. Esas críticas se ampliaron tras el último mensaje de Trump y, además, se centraron también sobre el mismo candidato derechista. TE PUEDE INTERESAR Once demócratas del área progresista le pidieron al presidente que "en lugar de hacer campaña" a favor de De la Espriella, el Gobierno debería "examinar sus vínculos con una organización designada como terrorista y con una persona acusada de lavado de dinero, así como posibles irregularidades financieras relacionadas con empresas con sede en Florida y transacciones inmobiliarias", señalaba la segunda misiva. Destacaban especialmente las "estrechas relaciones" del abogado con "líderes de la organización paramilitar y narcotraficante conocida como las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)", uno de los mayores grupos de autodefensas que ha conocido Colombia y relacionado con centenares de violaciones a los derechos humanos y decenas de masacres. Los congresistas estadounidenses se hacen eco de una polémica de larga data en Colombia, la fundación por parte de De la Espriella de una "organización que fue financiada por las AUC para ampliar su influencia social y política". TE PUEDE INTERESAR En efecto, esa organización existió y fue básica para el polémico proceso de desmovilización paramilitar durante el Gobierno de Uribe a principios de siglo, pero en Colombia, aseguran quienes apoyan a De la Espriella, no hay ninguna investigación abierta en ese sentido y la Fiscalía desestimó el caso hace años. El candidato derechista ha sido siempre criticado por defender a algunos de los paramilitares, mafiosos y corruptos más importantes del país. Entre esos clientes se encuentra también Alex Saab, el considerado como testaferro de Nicolás Maduro, recientemente extraditado a EEUU por el Gobierno interino de Delcy Rodríguez y procesado en suelo norteamericano por lavado de activos. De ahí el señalamiento de los congresistas de los vínculos con una persona "acusada de lavado de dinero". De la Espriella asegura que dejó de representar a Saab en 2019 cuando conoció su vinculación con el chavismo. También se hicieron eco los demócratas de la detención en EEUU de un activista colombiano izquierdista, Beto Coral, que tiene un proceso de asilo abierto desde hace diez años. Según los congresistas, ese arresto y la apertura de un proceso de expulsión han generado inquietud en varios sectores. TE PUEDE INTERESAR Ha sido un caso muy seguido en Colombia. Se trata del hijo de Humberto Coral, uno de los policías que estuvo en primera línea en la operación de captura del narcotraficante Pablo Escobar en 1993 y que fue asesinado meses después tras denunciar corrupción en el Grupo de Búsqueda que se encargó del operativo. Coral hijo trabaja como conductor de aplicaciones en EEUU —tiene permiso de trabajo— y además es un conocido influencer progresista. Antes de su arresto en Arizona había estado unos días en Florida haciendo campaña contra el candidato derechista. Se le relaciona con una avioneta que recorrió Miami con una pancarta en la que se leía “De la Espriella, Saab, Maduro se robaron Venezuela”. Este sábado se demostró que había sido el propio Marco Rubio quien había ordenado la detención de Coral. De la Espriella promete mano dura, con la construcción de diez megacárceles y el fin del diálogo con los grupos armados Petro reaccionó airado, señalando que se trataba de una “persecución contra el progresismo”, y su candidato Cepeda alertó de una “violación de los derechos civiles”. De la Espriella, en cambio, causó polémica porque se adelantó al anuncio del arresto, haciendo ver que lo conocía. "Habrá buenas noticias para Colombia y los colombianos residentes en el exterior. Coming soon", dijo poco antes de que se hiciese pública la detención. El caso es muestra también de la división que ha generado esta elección entre los colombianos y que se mantiene de procesos anteriores. Las dos Colombias En la segunda vuelta de este domingo se enfrentan dos candidatos con propuestas antagónicas. De la Espriella promete mano dura, con la construcción de diez megacárceles, el fin del diálogo con los grupos armados, bajar impuestos a las empresas y realizar reformas liberalizadoras de la economía, además de estar en contra del aborto, el matrimonio homosexual, la adopción por parte de parejas del mismo sexo y la eutanasia. Cepeda, senador desde hace doce años, proveniente de movimientos por los derechos de las víctimas del conflicto armado —su padre, también senador, fue asesinado en 1994 con complicidad de fuerzas paraestatales—, representa, en cambio, la continuidad del petrismo. Propone un mayor protagonismo del Estado en la economía, mayores subsidios, avanzar hacia la salud pública, seguir dialogando con guerrillas y paramilitares y está a favor de mayores libertades sociales. "Más que ante una polarización, estamos ante un quiebre, lo que algunos antropólogos políticos llaman el giro ontológico. No son dos proyectos que tienen opiniones distintas sobre una misma realidad, sino ante dos proyectos que ven realidades distintas, que ven países distintos, y eso provoca temor en la ciudadanía", considera el analista Mantilla. "La principal preocupación que tengo es que si el resultado es muy cerrado, se generen dinámicas de violencia" Su colega Dávila lo ve distinto. "El país está más fragmentado que polarizado. Si uno mira la composición del Congreso, ve eso, muchos sectores que a veces confluyen en la misma línea, pero que en general y para muchas decisiones están más fragmentados que polarizados". "La principal preocupación que tengo es que si el resultado es muy cerrado, se generen dinámicas de violencia", añade el analista de la Universidad Javeriana. No es lo que pronostican los sondeos, pero no es la primera vez que los encuestadores se equivocan en Colombia. La elección está condicionada también por el desempeño del Gobierno saliente. Petro deja el poder con alrededor del 50% de apoyo, alto para niveles latinoamericanos —que no se traslada en votos a Cepeda—, pero su Gobierno ha tenido grandes altibajos. TE PUEDE INTERESAR El mandatario izquierdista se enfrentó muy pronto con el Congreso y no ha podido cumplir parte importante de su programa electoral por no contar con apoyos suficientes. Logró aprobar reformas fiscales, educativas y laborales, pero se quedaron por el camino propuestas clave como la reforma a la salud. Ese último sector, que en Colombia es público-privado, ha caído además en crisis. Hay grandes listas de espera para tratamientos y escasez de algunos medicamentos que han generado un fuerte malestar. También genera críticas el alto déficit del país, superior al 6% en 2025, que ha hecho aumentar la deuda pública. En la calle, en cambio, no se notan tanto esas vicisitudes financieras porque el país creció el año pasado a un ritmo del 3%, el Gobierno aumentó el salario mínimo un 23% en enero y el desempleo está en mínimos de hace más de tres lustros. TE PUEDE INTERESAR El mayor lunar del Gobierno es, sin duda, la inseguridad. Los grupos armados se han fortalecido durante la fallida estrategia de Paz Total de Petro, que abogó por treguas y diálogo decidido con las guerrillas y los paramilitares. Ahora la suma de sus miembros es muy similar a la del número de alzados en armas antes de la firma del pacto de Paz con las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). A Cepeda lo señalan los críticos por haber sido uno de los arquitectos de esa estrategia de Paz Total. Muchos lo acusan de haber sido cercano a líderes guerrilleros. El candidato formó parte del equipo de negociación de paz gubernamental de 2016 y asegura que los diálogos que tuvo con esos líderes se debieron a ese trabajo, pero fotos como la de su presencia en una de las liberaciones del exlíder ‘fariano’ Jesús Santrich, que luego volvió a la clandestinidad, acompañan a Cepeda desde hace años. Señalada es también la política antinarcóticos del Gobierno. La cocaína sigue alimentando el conflicto armado colombiano. Petro optó por no realizar erradicaciones masivas de cultivos de coca a inicios de su mandato, con el objetivo de proteger al eslabón más débil, el campesino. Optó por incrementar las interceptaciones, logrando incautaciones récord por dos años consecutivos, pero el mismo Gobierno admitió tácitamente haber errado cuando volvió hace unos meses a controlar y erradicar cultivos de forma muy activa ante las críticas locales e internacionales. Además, han surgido numerosos escándalos de corrupción en el aparato estatal, en algunos casos cercanos a Petro, y eso ha provocado también grandes críticas. Todo ello ha pesado en esta campaña bronca y algo descafeinada. Parte importante de los colombianos van a ir a las urnas este domingo a elegir el mal menor. Ellos son, probablemente, quienes decidirán qué rumbo toma el país.