Más allá de la pasión, el fútbol es un negocio. La Copa Mundial que se celebra en Estados Unidos, México y Canadá está llamada a convertirse en el mayor acontecimiento deportivo del planeta. Los tres países anfitriones anhelan que también sea un fenomenal trampolín económico.Estados Unidos, México y Canadá organizan el campeonato de fútbol más ambicioso celebrado hasta el momento: durante 39 días, un total de 48 selecciones disputarán 104 partidos en 16 sedes repartidas entre los tres países anfitriones. Nunca antes en un campeonato de estas características se habían disputado tantos encuentros. Un negocio redondo para las televisiones que han adquirido los derechos de emisión, para las que se espera una audiencia millonaria sin precedente. Un informe de Bank of America estima que unos 6.000 millones de personas, el 75% de la población mundial, disfrutarán de algunos de los partidos a través de la televisión, plataformas de streaming o redes sociales. La FIFA, el organismo que dirige los designios del fútbol mundial, se frota las manos con las perspectivas de la competición. A diferencia de otras ediciones, la inversión realizada por los organizadores para este Mundial ha sido muy inferior. Los estadios ya estaban construidos y apenas han necesitado gastar en grandes proyectos. Las 16 ciudades anfitrionas tampoco han abordado reformas urbanísticas que pasen a la posteridad como legado de una competición histórica, como suele ocurrir en los Juegos Olímpicos. “Estados Unidos lo ha hecho de manera más eficiente que quizás cualquier otro país antes”, aseguró Andrew Giuliani, el comisionado de la Casa Blanca para el Mundial 2026. “Nos ha costado una fracción de lo que les ha costado a otros anfitriones porque tenemos la infraestructura necesaria para hacerlo, ya sea el sistema ferroviario o los estadios. Otros países han organizado grandes eventos en el pasado construyendo sus propias instalaciones”, abundó hace unos días durante una entrevista en el Atlantic Council. Mientras que Qatar, Rusia o Alemania se gastaron miles de millones en construir nuevos estadios o mejorar el transporte y otras actuaciones urbanísticas, en un esfuerzo para aprovechar el tirón de la competición para mejorar las infraestructuras, Estados Unidos ha aprovechado los grandes y modernos estadios del fútbol americano (NFL) para celebrar los partidos. Washington apenas se ha gastado 1.200 millones. Algo más de la mitad aproximadamente en reforzar la seguridad, una de las obsesiones estadounidenses, en las 11 sedes del país; otros 500 millones de dólares para prevenir ataques con drones, y solo unos 100 millones de dólares para mejorar el transporte en las ciudades anfitrionas. Para hacerse una idea, Brasil destinó de su presupuesto más de 12.000 millones de dólares para construir estadios, carreteras y transportes para la organización del Mundial de 2014; Rusia invirtió más de 14.000 millones para el torneo de 2018 y Qatar aprovechó la celebración del Mundial en 2022 para lanzar un ambicioso plan de infraestructuras, que incluía complejos planes urbanísticos, transportes y algunos de los estadios más vanguardistas del mundo. Nunca se habló de cifra oficial que el país del Golfo Pérsico destinó a la competición futbolística, pero la cadena deportiva ESPN lo cifra en 220.000 millones de dólares, convirtiéndose en la mayor inversión de la historia del torneo.El Mundial norteamericano se ha ahorrado toda esa inversión. En Estados Unidos, donde el éxito está vinculado al dinero, se esperan pingües beneficios por el campeonato. Un informe elaborado por la institución que dirige el suizo Gianni Infantino y la OCDE sostiene que el Mundial tendrá un impacto de 41.000 millones de dólares en el PIB de los tres países organizadores. Calcula que se crearán 824.000 puestos de trabajo y generará un ingreso por impuestos indirectos de más de 9.400 millones de dólares para las arcas públicas para Norteamérica.Solo en Estados Unidos, precisa el informe entregado a Donald Trump en el Despacho Oval por su amigo Infantino, las previsiones son que genere más de 17.000 millones para la producción nacional, se generen alrededor de 185.000 empleos y los aficionados se gasten más de 11.000 millones de dólares en desplazamientos, alojamiento y consumo durante los viajes para disfrutar los partidos del mundial.“Probablemente esta cifra esté muy exagerada”, asegura Victor Matheson, profesor de economía deportiva en la Universidad de Holy Cross. “Las estimaciones de la FIFA deberían interpretarse más bien como comunicados de prensa que como estudios económicos serios”, precisa a través de un correo electrónico. Este experto en economía del deporte sostiene que “aunque estamos viendo grandes multitudes y muchos visitantes extranjeros, el dinero que gastan los aficionados estadounidenses en la Copa del Mundo es dinero que no está disponible para destinarse a otros fines de entretenimiento”. Matheson explica que los recursos del Mundial se redistribuyen donde se gasta el dinero, pero eso no significa necesariamente que aumente la cantidad total del gasto de la economía. Además, argumenta que es probable que los visitantes extranjeros sustituyan a los turistas habituales en las ciudades anfitrionas. Y por último, considera que gran parte del dinero que se gaste en Estados Unidos por el evento no se quedará en el país, ya que la mayoría lo está recaudando la FIFA con la venta de entradas y las asociaciones con patrocinadores y las grandes corporaciones internacionales que incorporan ese beneficio a su cuenta de resultado a miles de kilómetros de distancia de donde se juega el partido. Kevin Daily, analista del banco de inversión Goldman Sachs, abunda en la misma tesis. “A pesar de que el Mundial de fútbol es sin duda el mayor evento deportivo y comercial del planeta, no tendrá necesariamente un gran impacto en las cifras macroeconómicas”, asegura. Estiman que solo tendrá un impacto equivalente al 0,2% del PIB estadounidense. “Solo una porción del beneficio económico se quedará en las ciudades anfitrionas; mucho del gasto que realicen los fans simplemente será a costa de otras actividades, y cualquier aumento del gasto antes y durante la final es normalmente acompañado de un descenso durante las semanas y meses siguientes”, apunta Daily, que ha analizado junto a Mambuna Njie, otro analista de Goldman Sachs, los datos económicos e impactos sobre el PIB de todos los campeonatos mundiales desde el que organizó España en 1982. “El Mundial de 2026 no representará un motor de crecimiento significativo para Estados Unidos”, conluye Saxobank en otro análisis.La hostilidad mostrada por Estados Unidos contra los inmigrantes, los exabruptos del presidente y los precios de las entradas, los vuelos y los alojamientos, mucho más caros que en otras ediciones, hacen que la llegada de turistas esté siendo menor de lo previsto. La FIFA preveía que el 40% de los asistentes a los 104 partidos, unos cinco millones de aficionados, serían visitantes internacionales, pero parece que las expectativas fueron demasiado altas. “Lo cierto es que muchos viajeros han expresado reservas sobre viajar a Estados Unidos”, indica Ebenezer Obadare, analista del Council of Foreign Relations (CFR).Un informe publicado por la Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamientos (AHLA) el pasado abril, a dos meses del partido inaugural del Mundial entre México y Sudáfrica (2-0), advertía de que el 80% de los hoteles en las 11 ciudades estadounidenses registraban reservas inferiores a las previstas. La patronal hotelera avisó de que “los indicadores sugieren que el impulso económico anticipado podría no alcanzar las expectativas” al tiempo que aludía a las tensiones políticas y el miedo por los problemas con visados.Aunque el Mundial no vaya a tener un gran impacto económico en la economía de las ciudades, sí que generará ingentes beneficios para los organizadores. “El beneficio neto para Estados Unidos, México y Canadá, en menor medida (organizan menos partidos) será mucho mayor que en eventos anteriores”, admite Matheson, que argumenta que hay más selecciones y más partidos. “Nuestros estadios son mucho más grandes que en el resto del mundo, así que el número de aficionados que puede asistir es mayor. Y nuestras ciudades anfitrionas son grandes áreas metropolitanas que pueden acoger a un número mayor de aficionados. Así que, con mayores beneficios y menores costes que en los últimos Mundiales, es mucho más probable que esta edición tenga un impacto neto positivo para los anfitriones”.Pero ese dinero no se queda en las ciudades. Va a parar a las manos de la FIFA y de las grandes multinacionales que hacen su agosto con el mundial, como las compañías de refrescos y cervezas, las marcas deportivas (Adidas y Nike) o las cadenas hoteleras y de alojamiento. Aunque no hay cifras concretas sobre los ingresos de la FIFA por el Mundial 2026, el organismo espera ingresar unos 9.000 millones este año, según su presupuesto oficial. Solo en entradas proyecta unos ingresos de 3.017 millones, lo que triplicaría al anterior Mundial de Qatar, cuando cosechó 930 millones. A esto habría que añadir la venta de los derechos de emisión a las televisiones, el negocio por las acciones de marketing y los derechos de explotación de licencias. Richard Sheehan, profesor emérito de finanzas y autor de Keeping Score: The Economics of Big Time Sports estima que el aumento de los ingresos por la venta de entradas ayudará a la FIFA a superar los 15.000 millones de dólares en ingresos, según un análisis publicado en la BBC.La gran ganadora del negocio del fútbol del Mundial es la FIFA. Ha alquilado los estadios a un precio fijo, con condiciones ventajosas, y gestiona la venta de entradas y las relaciones con patrocinadores. “La FIFA se lleva todos los ingresos y traslada gran parte del coste a los anfitriones. La FIFA obtiene beneficios pase lo que pase, así que es probable que los anfitriones lo hagan mucho mejor en el futuro”, concluye Victor Matheson.Precisamente, el precio de las entradas ha sido una de las polémicas del mundial. Una búsqueda rápida en Ticketmaster muestra que la entrada más cara para la final, que se jugará el próximo 19 de julio en el estadio MetLife de New Jersey, asciende a 71.373 dólares. Además, la entrada general no baja de 10.000 dólares, un coste que puede multiplicar por 10 los registrados en la final de Qatar. Hasta Trump deslizó que le parecían demasiado caras. “Claro que me gustaría ir, pero, para ser honesto, no lo pagaría”, dijo el mandatario republicano cuando le preguntaron si se gastaría 1.000 dólares en asistir a uno de los partidos del fútbol. La FIFA ha establecido un sistema de precios dinámicos. Se encarecen ante el aumento de la demanda, una estrategia que ha encarecido sustancialmente las entradas.“Estamos en el mercado del entretenimiento más desarrollado del mundo, por lo que debemos aplicar las tarifas del mercado”, se defendió pocos días después Gianni Infantino en la Conferencia Global del Instituto Milken en Los Ángeles. “Aunque algunas personas dicen que los precios de las entradas que tenemos son altos, estas acaban en el mercado de reventa a un precio aún mayor, más del doble del nuestro”, agregó.
El negocio redondo del Mundial: así se asegura la FIFA millones de beneficio frente al riesgo que corren los anfitriones
El organismo que rige el fútbol mundial estima que la competición elevará la producción en 41.000 millones. Los analistas discrepan de esa cantidad y señalan que el gran vencedor será Infantino









