Antes de morir, Claudio Caputo dejó cinco cartas de despedida. Una para cada uno de sus hijos: Francisco, Santiago, Ezequiel y Malena, y también una quinta para Sebastián Amerio, a quien le tenía un especial cariño por ser amigo de la familia desde muy chico. En cada uno de esos escritos dejaba elogios y algunos consejos para sus herederos. Francisco, por ser el mayor, obtuvo un texto con más responsabilidades que el resto y la sensación de que a partir de ese momento se convertiría en el nuevo patriarca de la familia. Santiago siempre fue el más rebelde, por lo que su carta, cuentan los testigos, tendría más recomendaciones que para el resto de sus hermanos. Amerio en su breve y sentido texto recibió un mensaje que lo intenta cumplir todos los días: "Cuidá a Santiago", le dijo Claudio al amigo del asesor estrella de Milei.

Hoy el mundo de Santiago Caputo se configura de esa manera: Francisco funciona como un pater familias, a quien respeta y consulta, y Amerio es el escudero que le cuida las espaldas.

Este tridente está, desde hace tiempo, en la mira del karinismo, en especial de los primos Martín y "Lule" Menem, quienes, a través de Juan Bautista Mahiques, y con la venia de la hermana del Presidente, ya avanzaron sobre Amerio, al desplazarlo del Ministerio de Justicia, y ahora van por Francisco, quien tuvo un rol preponderante en la puesta en marcha de la Fundación Faro, el think tank mileísta que recauda millones de dólares del sector privado para difundir las ideas del Gobierno.