Quedan historias por contar sobre la música en el continente africano. Tres discos reeditados en los últimos meses permiten formular otro relato sobre las vanguardias musicales en África: uno menos canónico y más expansivo. Son tres contenedores de la memoria de la negritud en sentido doble: abundan en los cruces e intercambios sonoros de África y en las aportaciones de la diáspora en el continente americano, y muestran esas conexiones y colisiones musicales durante algunos años cruciales del siglo XX, permitiendo reconstruir una historia cultural no siempre bien atendida. El álbum homónimo de Antoine Dougbé et L’Orchestre Poly-Rythmo De Cotonou, el colectivo LÉVE LÉVE São Tomé & Príncipe Sounds y un recopilatorio del grupo Los Orientales de Paramonga dibujan un espacio de poderosa expresión simbólica.Autodenominado primer ministro del diablo, por su práctica de la religión vudú, Antoine Dougbé nació en 1947 en Abomey, Benín, a un centenar de kilómetros de la ciudad a la que se trasladó de joven, atraído por su efervescencia musical: Cotonou. Aquí descubrió la rumba congoleña, el son cubano y la cavacha, ritmos que, combinados con la música de las ceremonias vudú, conformaron un universo que desarrolló en tres elepés editados entre finales de los años 70 y comienzos de los 80. Conocido por intimidar a los músicos que trabajaron con él en sus inicios, encontró en L’Orchestre Poly-Rythmo la horma de su zapato melódico y armónico: el batería y el bajista de la orquesta coqueteaban con el vudú. Por cierto: la brillante Poly-Rythmo, creada en el cruce de los años 60 y 70, recogía influencias de la tradición de Benín, del funk, del highlife de Ghana y de las vibraciones latinas, y contribuyó a la configuración del afrobeat.Pero Antoine, cuidadoso con las energías que gobiernan el vudú, ni cantó ni tocó instrumentos principales con la Poly-Rythmo: entregaba sus composiciones a Mélomé Clément, director de la formación, quien se encargaba de los arreglos. Lohento Eskill y Amoussou William asumían la interpretación vocal. El disco que nos ocupa recoge doce canciones del legado del músico que dan buena cuenta del talento como creador de Dougbé y de la maestría de los músicos de L’Orchestre Poly-Rythmo de Cotonou para ensamblar el entramado rítmico de unas piezas que, como en el destacado caso de Towe Nin, experimentaron nuevos parámetros para enlazar los entramados africano y latino. Desaparecido de la escena musical en los años 80, Antoine falleció de cirrosis en 1990.LÉVE LÉVE Vol. 2: Sao Tomé & Principe Sounds 70s-80s llega seis años después de la primera recopilación de artistas de Santo Tomé y Príncipe, islas situadas en el golfo de Guinea, colonizadas por los portugueses. Por cierto: a mediados del siglo XVII, Santo Tomé se convirtió en el principal punto de comercio de esclavos entre África y América del Sur y Central, principalmente Brasil. Léve Léve significa algo así como “tómatelo con calma”, aunque la música a la que da título invite poco a la pereza. Conjunto Equador, África Negra, Sum Alvarinho, Sangazuza, Tiny das Neves e Conjunto Sol d’África, Pedro Lima —apodado “A voz do povo de São Tomé”— e Conjunto Popular Os Leonenses, Conjunto Mindelo, Bulawê N’Guli Fala, Quinta das Palmeiras y Os Úntuès son las formaciones que atacan un conglomerado de ritmos aportados por esclavos de Angola, Mozambique, la costa occidental de África continental y Cabo Verde, aderezados con soukous, merengue, compás haitiano y agitaciones brasileñas: una mezcla de endiablado pulso para llevar al trance a los más aguerridos de la pista de baile. Pero no todo era jolgorio el siglo pasado en las pequeñas islas atlánticas: grupos como África Negra, con Apoiámos a luta dos nossos irmãos, todo un himno solidario con los países sometidos al yugo de Portugal, y Tiny das Neves e Conjunto Sol d’África, que en África é rinde tributo al poeta y líder revolucionario anticolonialista Amílcar Cabral, son ejemplos de la búsqueda del compromiso político a través de la creación.Y en la costa americana del Pacífico, la ciudad de Paramonga, que en la segunda mitad del siglo XX comenzó a destacar por su vigor musical, fue la cuna de Los Orientales de Paramonga, una de las bandas más singulares del tropicalismo peruano de los años 70. Víctor Ramírez y Maximiliano Chávez impulsaron la creación de un grupo más cercano instrumentalmente a una reunión de rockeros que a un combo que hizo de la cumbia y de los ritmos afrocubanos sus señas de identidad: las percusiones marcaban el latido de origen caribeño, pero las guitarras, de tinte psicodélico y armadas con pedales y wah-wah, formularon un sonido y una identidad que marcaron época. Sin complejos ni prejuicios —su versión de Achilipú es impagable—, Los Orientales de Paramonga fueron tan brillantes como compleja resultó su carrera, pues las disputas entre los miembros dieron lugar a dos formaciones con el mismo nombre. El álbum homónimo, que se publicará el 19 de junio, recoge las canciones de los elepés Con sabor tropical (1972) y Tremendo ritmo (1973), y se completa con grabaciones editadas en discos sencillos. En total, veinticinco composiciones —instrumentales unas, cantadas otras— que traspasaron con garbo los límites geográficos de Paramonga.Antoine Dougbé et L’Orchestre Poly-Rythmo De Cotonou 1977-1982Antoine Dougbé et L’Orchestre Poly-Rythmo De CotonouAnalog AfricaLÉVE LÉVE Vol. 2: Sao Tomé & Principe Sounds 70s-80sVV. AA.Bongo JoeLos Orientales de Paramonga 1972-1976Los Orientales de Paramonga Analog Africa
Vudú, trance y guitarras ‘wah-wah’: otra historia de la música africana
Tres nuevas reediciones de discos de los setenta y ochenta recuperan conexiones sonoras entre África y América, del vudú de Benín al tropicalismo peruano









