Esneyder Negrete |
Bogotá (EFE).- Iván Cepeda pasó décadas defendiendo a las víctimas del conflicto armado, denunciando violaciones de derechos humanos y promoviendo procesos de paz, una trayectoria que hoy lo sitúa ante el mayor desafío de su carrera política: mantener al progresismo en el poder en Colombia si gana la segunda vuelta presidencial del próximo domingo.
Cepeda, de 63 años, fue durante meses el favorito en las encuestas de intención de voto, pero en la primera vuelta fue superado por el ultraderechista Abelardo de la Espriella, con quien definirá en la ronda definitiva quién será el sucesor del presidente Gustavo Petro, compañero suyo en el partido Pacto Histórico.
El candidato es hijo de la líder de izquierda Yira Castro, que murió cuando él empezaba la vida adulta, y del senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda Vargas, asesinado en 1994 por agentes del Estado en complicidad con paramilitares, un crimen que, según ha dicho, lo «reorientó» y lo convirtió en el político que es hoy.
Pausado y conciso en sus declaraciones, en esta campaña ha leído todos sus discursos, que lleva impresos en papel, y no suele improvisar, como Petro o De la Espriella, su rival por la Presidencia.











