Hace exactamente nueve años, muy cerca del 20 de junio, se suscitó un debate que tuvo amplia repercusión pública sobre los colores de la bandera argentina. Se pusieron en duda los colores originales tras una investigación con científicos del Centro de Química Inorgánica de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad Federal de Juiz de Fora (Brasil). Ellos investigaron hebras de una antigua bandera conservada en la Iglesia de San Francisco de la ciudad de Tucumán, hecha en 1814 por Bernabé Aráoz, primer gobernador intendente de esa provincia. Según esa investigación los colores originales serían blanco y azul de ultramar. Si bien reconocía que esa bandera no era la que izó Belgrano en 1812 en las orillas del Paraná, sostenía que Aráoz, cercano al prócer, debió haber tomado ese modelo. Pero, ¿cuál fue la primitiva bandera argentina y cuál su derrotero?
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
La historiografía coincide en que Manuel Belgrano tomó los colores surgidos el 25 de mayo de 1810, los convirtió en una bandera y la enarboló en Rosario el 27 febrero de 1812. Al año siguiente, San Martín los adoptó para crear la bandera del Ejército de los Andes. Sin embargo, la tonalidad del azul no siempre se registraba por escrito. En 1815 la Asamblea General designó Director Supremo a Carlos de Alvear y el Estatuto provisorio establecía que “Llevará una banda bicolor, blanca en el centro y azul a los costados” (Biblioteca de Mayo, XIX, p.17128). El 17 de abril de 1815, derrocado Alvear, “amaneció puesta en el asta de la fortaleza la bandera de la Patria celeste y blanca” (Juan Manuel Beruti, Diario). William Crampton describe un hecho desconocido del año 1816. Louis Aury, marino francés con patente de corsario dada en Buenos Aires por Juan Martín de Pueyrredón, llevó los colores azul y blanco a Centroamérica ¿Qué hacía un corsario argentino en el Caribe? Manuel Belgrano: las batallas del prócer que perdió todo lo que quería Centroamérica era la región de mayor tráfico español, donde comenzó la fama de los “corsarios de la bandera azul y blanca venidos de Buenos Aires”, quienes atacaban buques españoles y repartían proclamas revolucionarias (The World of Flags,1990). Whitney Smith sostiene que allí “la bandera argentina se izó por primera vez en la lucha por la independencia contra España el 4 de julio de 1818, cuando el comodoro del escuadrón argentino, Louis Aury, proclamó el primer estado independiente centroamericano en unas islas frente a la costa oriental de Nicaragua” (Flags Through the Ages and Across the World, 1975). En 1815 la Asamblea General designó Director Supremo a Carlos de Alvear; estableció que la bandera 'llevará una banda bicolor, blanca en el centro y azul a los costados'” Este hecho fue confirmado el 25 de agosto de 1818 por José Cortés de Madariaga desde Jamaica, cuando le escribió al Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata: “su pabellón ha sido enarbolado en las Islas Santa Catalina y Providencia al proclamarse la independencia” (Carlos Ferro, Tegucigalpa, 1973). Por tres años la divisa presidió un estado insular caribeño dependiente del gobierno de Buenos Aires. Y en 1823 las Provincias Unidas del Centro de América, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, adoptaron sus colores “de franjas horizontales azul-blanco-azul” a semejanza del pabellón argentino. Sobre la polémica bandera de Araóz, varios historiadores, familiares de Belgrano y el titular del Instituto Nacional Belgraniano, rechazaron la interpretación científica sosteniendo que los colores eran blanco y azul celeste. La discusión giraba en torno de una tonalidad del color azul que, junto con el rojo y el amarillo en pintura y arte, es un color primario. El azul de ultramar, derivado del latinultramarinus, posee un tono más intenso y brillante que el celeste. Louis Aury, marino francés con patente de corsario dada en Buenos Aires por Juan Martín de Pueyrredón, llevó los colores azul y blanco a Centroamérica" Finalmente, en la semana de mayo de 2017 la Academia Nacional de la Historia emitió un dictamen reafirmando que los colores originales eran blanco y azul celeste. La comisión ad hoc –formada por los académicos de número, Fernando Barba y Horacio Sánchez de Loria –quien suscribe-, y el académico correspondiente Carlos Dellepiane Cálcena– recordó el informe de Manuel Belgrano al Primer Triunvirato: “siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional, Rosario, 27 de febrero de 1812” (Archivo General de la Nación). Además, las hebras analizadas no conservaban los colores originales debido al paso del tiempo, la luz a la que han sido expuestas, y el deterioro resultante de la atmósfera local. De todos modos, independientemente de la tonalidad, esa bandera no perteneció a Belgrano. Su honestidad le llevó a no considerarse el creador de la enseña patria, fue una creación colectiva cuyos colores se forjaron desde los críticos sucesos de mayo de 1810. Pero el prócer tuvo la decisión de confeccionarla en un momento decisivo, para impulsar la emancipación de los pueblos americanos. *Miembro de la Academia Nacional de la Historia **Historiador, Universidad de Buenos Aires













