Desde hace varias semanas podemos seguir en elDiario.es el caso de una denuncia de maltrato animal en el parque temático Puy du Fou, en la provincia de Toledo.

Uno de los temas centrales es el enterramiento de animales muertos en las propias instalaciones del parque. A medida que voy conociendo más detalles, me quedo más espantada. Un extrabajador relataba: “Se han llevado a cabo lesiones, marcas en la zona de la boca, ha llegado a haber cojeras, ojos morados inflamados de golpes con la fusta”. Varios extrabajadores afirmaron también que se dejaba agonizar a algunos animales hasta su muerte, y que era habitual alimentarlos con “pienso en mal estado simplemente por el hecho de no tirarlo; con moho, con insectos”.

Lo que ha sucedido en esta empresa no es una excepción: existen muchos otros casos que han salido a la luz por su crueldad, y que son solo la punta del iceberg de la situación que viven los animales utilizados como entretenimiento. Un ejemplo son los caballos de la fiesta de los Tres Tombs, en Catalunya, donde estos animales recorren calles ruidosas y abarrotadas de gente tirando de carros con grandes pesos, mientras soportan elementos como el yugo, el bocado o distintos arneses y ornamentos. Diversas investigaciones han documentado el estrés y el sufrimiento que esto les provoca, incluyendo dificultades respiratorias por la presión de la serreta (la pieza metálica que pasa sobre el hocico) en una zona muy sensible para el animal. Recientemente, se ha estrenado el documental Desmuntant els Tres Tombs, una mirada crítica -desde la etología, la veterinaria, el derecho y el activismo- a una tradición cada vez más cuestionada.