Occitania guarda algunos de los paisajes más sorprendentes del sur de Francia. La ruta de los Castillos Cátaros es uno de ellos. A lo largo de unos 300 kilómetros, una red de carreteras secundarias nos lleva por viñedos, gargantas, bosques y pequeñas localidades medievales mientras, de vez en cuando, aparece en el horizonte la silueta de una fortaleza encaramada sobre una cresta rocosa. Algunas parecen tan inaccesibles que cuesta imaginar cómo pudieron construirse allí arriba.

Aunque hoy se presenta como una ruta turística, este recorrido es también un viaje por uno de los capítulos más intensos de la historia del sur de Francia. Entre los siglos XII y XIII, estas tierras fueron el principal escenario del catarismo, un movimiento religioso que desafió a la Iglesia católica y acabó desencadenando la Cruzada Albigense. Asedios, conquistas, cambios de poder y siglos de conflictos dejaron una huella que todavía puede seguirse en castillos, pueblos y ciudades como Albi, Minerve, Lagrasse o Carcasona.

Y hay una pregunta que suele surgir durante el viaje. ¿Son realmente cátaros todos los castillos que forman parte de esta ruta? La respuesta es bastante más compleja de lo que parece y ayuda a entender buena parte de la historia medieval del sur de Francia. Ahora, además, varios de estos enclaves vuelven a estar de actualidad: Carcasona y siete de las fortalezas reales del Languedoc aspiran a convertirse en Patrimonio Mundial de la Unesco, una candidatura cuya resolución se espera para finales de julio de 2026.