Carlos Jiménez Díaz, el padre de la medicina interna en España, recordaba a sus alumnos de posdoctorado cuando pasaba visita con ellos a los enfermos hospitalizados que “cada paciente es único”. En pocas enfermedades como el párkinson la frase cobra tanto sentido. La segunda patología neurológica más prevalente se manifiesta con numerosos síntomas y cada uno puede darse en unos pacientes pero no hacerlo en otros. Incluso el síntoma con el que popularmente se relaciona el párkinson, el temblor, solo se da en el 60% de las personas que sufren la enfermedad. Álvaro Sánchez-Ferro, neurólogo del hospital 12 de Octubre de Madrid y coordinador del Grupo de Estudios de Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología (SEN), explica: “Hay unos síntomas comunes, como la rigidez o la lentitud de movimientos, pero se da también un patrón heterogéneo de otros signos, sobre todo no motores, que hace que cada persona tenga una forma de enfermedad muy diferente”. Algunos de esos síntomas no motores a los que hace referencia el especialista son los trastornos del sueño, la nicturia (necesidad de despertarse varias veces por la noche para orinar), la depresión o la ansiedad.

“Hay unos síntomas comunes, como la rigidez o la lentitud, pero se da también un patrón heterogéneo de otros signos, sobre todo no motores, que hace que cada persona tenga una forma de enfermedad muy diferente”