Los datos de la última encuesta de la consultora CEOP exponen un quiebre significativo en la línea de flotación discursiva del oficialismo. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien ha operado como el principal vector de comunicación y custodio del relato oficial, refleja un desgaste severo que trasciende la simple caída de imagen para tocar el núcleo de su capital político: la credibilidad.

El estudio realizado por el equipo del enciestador Roberto Bacman da a conocer los datos clave de la muestra y su impacto estructural en la narrativa de la gestión. En la radiografía, el diferencial negativo del funcionario es crítico, estructurado bajo un fuerte rechazo a su palabra pública. La evaluación de la imagen del coordinador de ministros es de 78% negativa contra solo un 20% de positiva. Una brecha neta de 58 puntos porcentuales de diferencia.

En la misma investigación se marcó que el 85% de los encuestados dice que no le cree a lo manifestado públicamente por el dirigente libertario. Este es el dato más complejo para alguien que debe sostener la labor de principal vocero y jefe de Gabinete, la pérdida de eficacia de su centralidad comunicacional.

Por otra parte, un 78% considera que debe salir del Gobierno, mientras que un núcleo duro remanente, valorado en un 27,3%, opina que debe quedarse. El anclaje cualitativo conocido como "Top nube de palabras" manifestó los siguientes términos principales: corrupto (22,1%), ladrón (12,2%), chorro (8,3%), inmoral (2,3%) y chanta (2,1%). Estas palabras valorativas configuran la identidad pública del funcionario en la actualidad. La conclusión, en ese aspecto, es que el sesgo cualitativo migra fuertemente hacia la degradación ética y la pérdida de respeto profesional.