La contundente actuación de Estados Unidos ante Paraguay puso el foco sobre una de las selecciones anfitrionas del Mundial 2026 y, en en especial, sobre el trabajo de Mauricio Pochettino para llevar a un país acostumbrado a ser potencia en casi todo a dejar atrás los fantasmas del pasado y empezar a competir de verdad en el rey de los deportes.El fútbol siempre fue la excepción a todos los preceptos que suelen asociarse con la mentalidad estadounidense. En este deporte no son los superhéroes, ni quienes marcan el camino, ni los que encuentran las innovaciones. Durante años se definieron como "The Little Engine That Could", es decir, “el pequeño motor que sí pudo”.Sin embargo, la cercanía de una Copa del Mundo en su territorio y la pésima actuación en la Copa América 2024 encendieron las alarmas y terminaron por desencadenar un cambio de rumbo cuyos resultados comienzan a verse.Entre los todavía escasos, aunque cada vez más numerosos, aficionados al fútbol en el país del norte empezó a instalarse una idea sencilla: para construir una selección de élite se necesita un entrenador de élite.Aunque parezca una conclusión evidente, la iniciativa no surgió en la federación nacional, sino en el corazón financiero de Manhattan y en los despachos de algunos de los hombres más ricos del planeta."Yo pago"El detonante del cambio de paradigma surgió en una conversación de WhatsApp publicada recientemente por el medio estadounidense The Athletic. Allí, un grupo de amigos debatía por qué el seleccionador seguía siendo Gregg Berhalter y no un entrenador de mayor jerarquía.En ese chat participaban personas vinculadas al fútbol que advirtieron que un técnico de clase mundial exige un salario acorde. Fue entonces cuando Scott Goodwin, cofundador del fondo de cobertura Diameter Capital y fanático del fútbol, lanzó una frase que cambiaría la historia: "Yo pago".Si el problema era económico, la solución estaba en manos de quienes tenían los recursos. Goodwin no tardó en reunirse con el CEO de la U.S. Soccer y ambos coincidieron en que la mejor opción era Pochettino, recientemente desvinculado del Chelsea.El nombre del santafesino rápidamente se convirtió en la única alternativa real, pero ocurrió lo que los amigos de Goodwin habían anticipado: la federación no estaba en condiciones de afrontar semejante contratación y su aporte individual tampoco alcanzaba.Era el momento de contactar a Kenneth C. Griffin, fundador y CEO del gigante financiero Citadel, una de las 40 personas más ricas del mundo según diversas publicaciones. Griffin ya había donado ocho millones de dólares para la construcción de canchas en Chicago y Miami con el objetivo de impulsar el desarrollo del fútbol.Tras una serie de conversaciones con la U.S. Soccer, Griffin y Goodwin acordaron aportar los recursos necesarios para concretar el salto de calidad. Aunque nunca se hicieron públicos los montos de sus contribuciones, semanas después Pochettino fue presentado oficialmente como nuevo entrenador de Estados Unidos.El método Poch: destruir para construirEl comienzo del ciclo estuvo lejos de ser ideal. El cuarto puesto en la Concacaf Nations League y un enfrentamiento mediático con Christian Pulisic, la principal figura del equipo, parecían poner en duda el proyecto.La respuesta de Pochettino fue toda una declaración de principios: “Hay que destruir las cosas que no necesitamos para construir la casa desde sus cimientos”.El proceso evolucionó con altibajos, alternando triunfos resonantes, como el 5-1 ante Uruguay en noviembre, y golpes duros, como la derrota 5-2 frente a Bélgica en marzo de este año.Cambio de perspectivaMás allá de su papel en el financiamiento de la contratación, Goodwin desarrolló una relación cercana con Pochettino. A finales de 2025 le recomendó ver Miracle, la película que narra la histórica victoria del seleccionado estadounidense de hockey sobre hielo sobre la Unión Soviética en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1980.Según revelaron personas cercanas al entorno de la selección, Pochettino se emocionó hasta las lágrimas y durante la concentración siguiente insistió con la frase que inmortalizó el entrenador Herb Brooks: “Why not us?”, o en español, “¿Por qué no nosotros?”.La hora de la verdadCon el Mundial en marcha y el primer resultado sobre la mesa, todo parece indicar que Pochettino logró sentar bases sólidas para su proyecto y convencer al plantel de que está preparado para escribir una página histórica.Todavía queda mucho por demostrar. En el horizonte aparecen Australia y Turquía, pero los empresarios que hicieron posible su llegada confían en que, independientemente de cuánto dure el ciclo, la presencia de Pochettino en el banco de suplentes representa el primer paso para convertir a Estados Unidos en un protagonista sostenido del fútbol mundial durante las próximas décadas.
El efecto Pochettino: los magnates de Wall Street que financiaron la revolución de Estados Unidos rumbo al Mundial
Scott Goodwin y Kenneth Griffin impulsaron la contratación del entrenador argentino cuando la federación no podía afrontar su salario.Cómo nació el proyecto que busca convertir al país del soccer en una potencia futbolística.












