Ana Rosa Quintana no suele hablar de su vida personal. Pero Juan y Medio consiguió lo que pocos: sentarla a recordar su infancia en Usera con una comodidad poco habitual en ella. La periodista repasó cómo fue crecer en un barrio humilde de Madrid con unos padres que trabajaban sin parar.Su padre era viajante de comercio de recambios de automóvil. Su madre trabajó siempre junto a él. "Yo en mi casa he visto a mis padres supertrabajadores todos los días", recordó. Esa imagen de esfuerzo constante es la que dice haber llevado consigo desde pequeña.Las jornadas de sus padres se alargaban tanto que Ana Rosa tenía su propia rutina al salir del colegio de monjas. "Había una cafetería en la esquina donde me dejaba el autobús. La cajera de la cafetería me recogía, me daba la merienda y me llevaba a donde estaban mis padres", contó. Para ella, aquel colacao en la barra era un lujo.Las noches tampoco eran convencionales. "Muchas noches nos llevaban dormidos en el coche a casa", recordó. La imagen de dos niños traspuestos en el asiento trasero mientras sus padres volvían tarde del trabajo era algo cotidiano en aquella época."Me he llevado muy bien con mis padres y con mi familia", afirmó. Reconoció que creció con pocos lujos, pero que nunca sintió que le faltara nada. Su infancia en Usera, lejos de ser una etapa que prefiera olvidar, es el punto de partida de todo lo que vino después.