Entre mesas adaptadas para asar la famosa parrilla coreana, banchan -la típica guarnición que acompaña a este platillo- y cervezas, una decena de aficionados coreanos disfrutan del partido estelar de este jueves en un enclave cultural de su país en la Ciudad de México. El Pequeño Seúl, un barrio instalado en el corazón de la Zona Rosa que es conocido por su variedad de restaurantes y tiendas coreanas, es el lugar al que han acudido los pocos coreanos que se han dejado ver entre la marea de mexicanos que han salido a las calles a apoyar a la selección. Sin sorpresas para nadie, la capital mexicana estaba completamente volcada con su equipo en su segundo partido del torneo de fútbol. Desde muy temprano, las calles de la ciudad se pintaron de verde por doquier, con algunas camisas blancas y negras -de la segunda y tercera equipación- despuntando también entre la muchedumbre, con un águila coronando cada una de ellas. Pero el adverso escenario no fue impedimento para la decena de coreanos que arribaron a la Zona Rosa, ansiosos por ver a su conjunto disputar un partido contra el anfitrión. Ye Won Kim, de 21 años, y Seong Uk Yang, de 24, una joven pareja de Corea que estudia en Guadalajara y ha aprovechado las vacaciones para viajar por el país, ha optado por la capital para ver el encuentro. Formados en la fila en busca de un asiento a unos minutos del pitido inicial, cuentan que les encanta México y que la gente ha sido muy amable con ellos. Yang destaca la cultura y la gente, mientras que Won Kim resalta la hospitalidad. Los bares y restaurantes de la zona están a reventar esta noche. Cientos de aficionados en busca de un lugar caminan amontonados entre las aceras preguntando por un espacio.Los más previsores, como Stephany Sereno y Andrea Trueba, ambas de 25 años, llegan al sitio con una reservación. “No vamos a ver el partido como tal. Vinimos a divertirnos, a comer, a distraernos“, afirma Sereno. Envuelta en una bandera de Corea, la joven mexicana relata emocionada lo que la trajo este día al Pequeño Seúl. “Nos gusta BTS, la comida y la cultura [de Corea]”, comparte Sereno, fanática del K-pop desde 2016. El Army está presente. Trueba entró a ese mundo musical hace poco, pero señala que le llama la atención por acercar a dos países que, “a pesar de que no tienen el mismo idioma” y parecen muy distintos, tienen muchas similitudes: “Como el chile”, suelta entre risas. Las dos mexicanas, que ya han adoptado a Corea a su vida, esperan que los puntos se repartan en este encuentro. Otros, como Eileen Jeong, de 32 años, no han sido tan afortunados. Ha llegado a una parrilla coreana acompañada de sus padres y su novio, pero sin reservación, el plan se complica. Jeong, por primera vez en México junto con sus padres, ha venido solo para el Mundial: “Ha sido maravilloso. Nos encanta. México [es un país] muy vivo y la gente es muy amigable”. El pronóstico de la joven para este jueves es una victoria (2-1) para el equipo local. “Apoyo a Corea, pero creo que México tiene que ganar este partido”, sostiene.Aileen Jeong en la Zona rosa para ver el partido México vs Corea, en Ciudad de México, este jueves.Aggi GarduñoAficionados reaccionan duranter el partido, en unrestaurante de la Zona rosa.Aggi GarduñoRestaurante de la zona rosa durante el partido de este jueves.Aggi GarduñoCoreanos se reúnen con amigos en un restaurante de la Zona rosa, este jueves.Aggi GarduñoEntre el gentío y el ruido de las trompetas de los alrededores, las voces de los contados coreanos que han acudido este jueves a la Zona Rosa se hacen escuchar. Cada que su equipo se acerca a la portería rival, sus aplausos y gritos dejan entrever su apoyo, aunque la situación no es tan clara cuando esos mismos festejos se mezclan con los de los mexicanos cuando la selección nacional arma alguna jugada. En esos momentos, México se vuelve también su equipo. Aquí no hay bandos. El ambiente que se respira es de fraternidad. En el Pequeño Seúl los colores son intercambiables y se comparten. Galicia Kim, una mexicanocoreana de 21 años, espera un empate. “No sé a cuál elegir”, dice. Nacida en Corea, pero tras 15 años viviendo en México, su corazón está dividido. A su lado, su novio Santiago Treviño, de 20 años, prefiere que gane México. El silbatazo final levanta tanto a mexicanos como a coreanos que se unen en las celebraciones. Este noche no importa el resultado. Los festejos son para todos.