Alfredo Valenzuela I

Sevilla, (EFE).- «Miguel Hernández fue una víctima de la dictadura, que por puro interés le conmutó la pena de muerte para evitar otro caso como el de la repercusión que tuvo el asesinato de García Lorca», ha dicho a EFE el historiador Mario Amorós, autor de la biografía ‘Un poeta en la Historia. Vida de Miguel Hernández’ (Akal).

«No hacía falta fusilarlo, con conmutarle la pena por la de treinta años y un día en unas circunstancias como las que tenían las cárceles españolas equivalía a una condena a muerte de manera indirecta; en la cárcel en la que estaba no había ni algodón para limpiar las heridas que le provocaba su enfermedad», ha señalado el biógrafo sobre las circunstancias de la muerte del poeta en 1942, enfermo de tuberculosis.

Muerte lenta y dolorosa

La viuda del poeta, Josefina Manresa, escribió al diplomático chileno Germán Vergara Donoso, amigo del poeta y quien le había reclamado por carta detalles de su trágico fallecimiento, a lo que respondió con una carta que decía: