Gustavo Petro, de principio a fin. Todas las miradas se dirigirán al presidente de Colombia, tanto o más que a los propios candidatos, cuando se conozcan los resultados de la segunda vuelta del próximo domingo, en la que se enfrentan el senador de izquierdas Iván Cepeda y el abogado de ultraderecha Abelardo de la Espriella. Protagonista de toda la campaña, el mandatario ha insistido una y otra vez en participar en política electoral, una prohibición explícita de la legislación colombiana que los gobernantes suelen ignorar, aunque ninguno lo había hecho de manera tan abierta. Con el agravante de que el propio presidente ha sembrado desconfianza en el sistema electoral, el mismo con el que resultó elegido hace cuatro años, con una inédita negativa a reconocer el conteo preliminar, o preconteo, de la primera vuelta. Esa misma noche, Petro cuestionó sin prueba alguna los resultados, lo que caldeó todavía más los ánimos en una campaña polarizada a más no poder. La gran mayoría de los 1.330 observadores internacionales desplegados durante las votaciones del 31 de mayo coincidieron en que estas se desarrollaron de forma tranquila y transparente.En las últimas semanas, el mandatario no ha llegado a reconocer el escrutinio de esa primera vuelta, en la que De le Espriella quedó primero por sorpresa, con el 43,7% de los votos, y Cepeda segundo, con el 40,9%, para una ventaja de más de 650.000 votos. De la Espriella se dirigió a los militares para que reaccionaran si el presidente “pretendía desconocer la voluntad del pueblo”. La democracia se impone, amenazó, “por la razón o por la fuerza”. En ese ambiente enrarecido, más de 50 organizaciones de la sociedad, desde Transparencia por Colombia hasta la Fundación para la Libertad de Prensa, han hecho un llamado a los candidatos y a todos los líderes políticos del país a comprometerse públicamente y con claridad a reconocer el resultado electoral, a llamar a la calma a sus seguidores y a transitar hacia la siguiente etapa política en un marco de respeto institucional. “Reconocemos que el sistema electoral colombiano no es perfecto. Existen problemas estructurales -como el trasteo de votos, el constreñimiento al elector y las condiciones de violencia que en algunos territorios limitan el ejercicio libre del sufragio- que deben ser identificados, denunciados y corregidos”, apunta ese comunicado. “Sin embargo, advertimos que las denuncias de fraude electoral que han circulado en las últimas semanas no han sido respaldadas con evidencia sólida”, añade sin mencionar por nombre propio al presidente. Obligado a remontar, el oficialista Cepeda se ha esforzado en soltar el lastre que representan algunas de las posturas más vehementes de Petro, mientras hace equilibrios para evitar un desencuentro público con el presidente. “Terminados los escrutinios, reconozco los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial”, declaró Cepeda una semana después de las votaciones. El candidato ya había dicho desde el día siguiente a las elecciones que su campaña no tenía pruebas de “irregularidades protuberantes”, aunque en un primer momento se hizo eco de la postura presidencial, en lo que fue ampliamente considerado una salida en falso, contraproducente en el propósito de aumentar la participación electoral.No es el único frente en el que marcó distancias. En el esfuerzo de la izquierda por movilizar a votantes de centro, indecisos y abstencionistas, cobró valor disipar la sombra de una asamblea constituyente para cambiar la carta política de 1991, una resistida iniciativa de Petro. Cuando se distanció decididamente de esa idea hace dos semanas, Cepeda advirtió que el proyecto de la ultraderecha es una propuesta “regresiva y autoritaria”, una “amenaza” para la democracia colombiana, que debería congregar en torno a su nombre al centro, el liberalismo democrático y los sectores reformistas. Ese propósito se concretó parcialmente con el apoyo que Claudia López, la exalcaldesa de Bogotá, le concedió este miércoles. “Hacemos nuestra la lucha por la Constitución, nosotros la vamos a respetar. Nuestro acuerdo está sellado sobre esa identidad política”, dijo el senador al aceptar el respaldo de una de las figuras más relevantes del centro, asociada al movimiento que desembocó en la Constitución vigente. Son los mismos sectores en los que más suspicacias despertaba la constituyente que Petro agitó durante meses. Desde la campaña reconocen que sería más fácil acercar al centro si Petro rebajara su exacerbado protagonismo, pero el presidente no deja que los reflectores se aparten de su figura.Muchas de las publicaciones de Petro en sus redes sociales tienen un innegable tinte electoral, a menudo dirigidas directamente a De la Espriella, pese a los constantes llamados para que se abstenga de participar en la política electoral. Esa participación fue, de hecho, la excusa con la que una congresista, Gloria Arizabaleta, ordenó la suspensión del presidente, una decisión inconstitucional que no tuvo efecto práctico, pero emponzoñó aún más el ambiente. “El verdadero compra votos, vinculado su banco al lavado de activos, es Char”, trinaba este miércoles Petro en alusión al clan familiar del alcalde de Barranquilla, Alex Char, un grupo de políticos tradicionales que respalda a De la Espriella en el Caribe, un territorio clave. Se hacía eco de las denuncias de que la Alcaldía presiona para votar por el ultraderechista a sus contratistas, en el más reciente ejemplo. Su megáfono nunca descansa.
Petro, el gran protagonista de la campaña
Sin estar en el tarjetón, el presidente de Colombia concentra los reflectores y a días de la segunda vuelta entre Cepeda y De la Espriella todavía no reconoce los resultados de la primera








