En el Juego del Gallina, hay dos automovilistas que se aproximan de frente y a toda velocidad, pierde el primero que dobla para evitar un choque que seguramente será fatal. De esta manera, no gana el más sensato, sino quien logra infundir en el otro temor, quien logra instalar la idea en el otro jugador de que está tan decidido a ganar que es capaz de dejar la vida en ello. Nuestro presidente, Javier Milei, entendió este juego a la perfección y, ayer, luego de que el PRO declarase que estaría dispuesto a votar la destitución de Adorni, declaró que no solo no echará a Adorni, sino que lo llevará al acto del Día de la Bandera en Rosario, exponiéndose a todo tipo de movilizaciones de repudio y escraches populares. Frente a la aceleración presidencial, Patricia Bullrich y los bloques aliados de La Libertad Avanza en el Senado, entre ellos el propio macrismo, postergaron la sesión de hoy en la que se iba a votar la destitución del jefe de Gabinete por una semana. Una vez más, se impuso Milei en el juego del Gallina. El próximo jueves 25 se interpelará a Adorni y deberá contestar las incómodas preguntas de los senadores sobre su inexplicable crecimiento patrimonial. Luego, el 2 de julio se votaría eventualmente su destitución. ¿Cuál es el objetivo de esta postergación? Evitar una eventual ruptura entre el Gobierno y sus aliados del PRO y otros, como los radicales o fuerzas provinciales, y no regalarle un triunfo al peronismo. El macrismo y Patricia Bullrich siguen insistiendo con que Milei eche a Adorni y anotarse ese poroto para sí mismos. A la vez, miran los avances de la Justicia, que avanza con nuevas pruebas y pide más peritajes que complican aún más a Adorni. Esto refuerza los argumentos de que el jefe de Gabinete renuncie por su propia cuenta.