Intemperie
Castilla y Le�n
Exigir arraigo en una regi�n cada vez m�s despoblada y envejecida es un disparateAlfonso Fern�ndez Ma�ueco, presidente de Castilla y Le�n.EFEActualizado Mi�rcoles,
junio
23:22Audio generado con IAEntre tanta marabunta pol�tico-judicial ha pasado casi desapercibida la investidura de Alfonso Fern�ndez Ma�ueco como presidente de la Junta de Castilla y Le�n en virtud de un pacto con Vox. Los de Abascal no han desperdiciado la ocasi�n para hacer tragar a los populares, una vez m�s, la papilla de la �prioridad nacional�. Adem�s de ser un error, como ha defendido este peri�dico, aplicar este ambiguo principio supone un completo disparate en los territorios menos tensionados por la inmigraci�n. Para el PP, Vox no s�lo es un problema porque le robe votos en los m�rgenes de las corrientes conservadoras y tradicionalistas, sino porque condiciona una pulsi�n identitaria que conecta con su base. Por eso Feij�o tiene pocas posibilidades, por no decir ninguna, de gobernar en solitario. Y por eso el bar�n salmantino, como ayer Guardiola y Azc�n, y seguramente ma�ana Moreno Bonilla, no ha tenido m�s remedio que comulgar con ese eslogan de inspiraci�n segregadora.Tiene m�rito que Vox haya conseguido imponer el debate sobre la inmigraci�n en uno de los territorios m�s despoblados de Europa. Desde los a�os 60, Castilla y Le�n ha perdido alrededor del 16% de su poblaci�n. En torno al 70% de sus municipios tienen, al menos, un tercio de sus habitantes por encima de los 65 a�os. Y el peso de la juventud es un 20% menor que en la media espa�ola. A la despoblaci�n se suma el desequilibrio territorial: mientras algunas capitales y �reas urbanas crecen ligeramente (Valladolid, Burgos, Segovia), las zonas rurales siguen perdiendo habitantes a chorro. Zamora, la provincia m�s envejecida de Espa�a, ha perdido casi el 30% de su poblaci�n desde la Transici�n. Exigir arraigo en una regi�n cada vez m�s envejecida y de la que cada vez se va m�s gente, por mucho que Ma�ueco trate de camuflarlo como una razonable �asignaci�n de recursos�, no parece lo prioritario, sino m�s bien un trampantojo para agitar el rechazo a la inmigraci�n, sin cuya energ�a, por cierto, ser�a inviable mantener abiertos muchos negocios en los peque�os pueblos o satisfacer la demanda laboral en el campo.El lastre que arrastra esta tierra no es la gesti�n de los flujos migratorios que llegan, sino la de los que se van. Y ceder ante la derecha radical en lugar de impulsar una legislaci�n contra la despoblaci�n o en materia de ordenaci�n territorial -Castilla y Le�n carece de ambas cosas- significa equivocar las prioridades.











