Mientras José Luis Rodríguez Zapatero acudía a declarar a la Audiencia Nacional como imputado y Pedro Sánchez respondía en el Congreso a los múltiples órdagos de unos aliados cada vez más incómodos por el rosario interminable de causas judiciales, Alberto Núñez Feijóo finalizó la jornada sentándose en El Hormiguero. El líder del PP quiso aferrarse a la "teoría del contraste" para exhibir las diferencias entre un Gobierno "en llamas" y un jefe de la oposición que mira desde el banquillo los escándalos que asfixian al Ejecutivo. Feijóo se puso con Trancas y Barrancas el traje de campaña. Y sugirió que su turno para saltar a la Moncloa llegará más pronto que tarde. La entrevista con Pablo Motos fue de hecho casi un acto preelectoral. Es un plató al que no acude desde 2023, en el que también se sentó el propio Sánchez durante la campaña de las generales. Feijóo arrancó algo tenso una entrevista de casi una hora, pero se mojó por primera vez en cuestiones delicadas. Más allá de la censura constante al Partido Socilaista por "la selva de casos de corrupción" a su alrededor, el líder del PP habló de su relación con Vox, de inmigración, de aborto y la eutanasia, de Junts y también de "Antoñita la Fantástica", el apelativo con el que el PSOE se refiere a Leire Díez. El líder del PP arrancó haciendo cuentas de la cantidad de casos, sumarios e imputados relacionados con el Gobierno y con el PSOE y denunció en tono irónico que "para estudiarlo todo necesitas mapa y cantimplora". Intentó relajarse por el formato desenfadado en el que se encontraba, pero no obvió la oportunidad de plantear una enmienda a la totalidad al Gobierno de Sánchez y al "atentado contra el Estado de Derecho" que, a su juicio, representan las diversas investigaciones que le rodean, desde la de Zapatero a la de las cloacas de Ferraz. TE PUEDE INTERESAR Pero Feijóo quiso aprovechar su paso por el programa de entretenimiento líder en audiencias para comenzar a agitar el avispero electoral y prepararse para la futura apertura de las urnas que, según sugirió, podría acelerarse por los "movimientos" que observa en socios como PNV y "sobre todo" en Junts y que le hacen tener "esperanzas" con que el fin de la legislatura se desmorone antes de agotar el plazo máximo de 2027. Pese a todo esquivó la vía de la moción de censura y negó conversaciones con Carles Puigdemont, aunque sí admitió contactos de otra índole con la portavoz de los independentistas en el Congreso, Miriam Nogueras. El jefe de la oposición se encontró muy cómodo describiendo en qué consistiría su "alternativa" en términos políticos y programáticos si logra superar el próximo test de las urnas, pero Motos le pidió aclarar si está dispuesto o no a gobernar junto a Vox, como ha hecho el PP en Extremadura, Castilla y León, Aragón y, posiblemente, Andalucía. En los tres primeros territorios, los de Abascal han vuelto a ocupar vicepresidencia y consejerías pese a las reticencias iniciales tanto de Génova como de los barones populares por la falta de mayorías absolutas que les permita gobernar con manos libres. El líder del PP respondió que su objetivo sigue siendo gestionar "en solitario", pero se abrió por primera vez a firmar un pacto de coalición con Santiago Abascal. Feijóo ha declarado en alguna ocasión que estaría dispuesto a negociar con el partido ultraconservador, pero no había dado el paso de verbalizar su posible entrada efectiva en un futuro e hipotético Gobierno a nivel nacional. "Vamos a ver qué pasa (...). En el caso de que tengamos que hacer una coalición de Gobierno, tendremos que sentarnos", apuntó. Se negó además a "demonizar" a Vox porque "yo soy un demócrata". "Aceptaré el resultado de las urnas y garantizaré la estabilidad política", zanjó. Eso sí, trazó una serie de "líneas rojas" que no está "dispuesto a traspasar", entre las que mencionó desde el respeto a la Constitución al impulso de una política migratoria "ordenada y racional", sin obviar el blindaje de las "políticas de igualdad". El líder del PP también tocó debates espinoso por las diferentes sensibilidades que conviven en la formación popular. Se comprometió a garantizar el derecho al aborto recogido en la ley de plazos aunque firme un Ejecutivo con los ultraconservadores porque "si una mujer quiere interrumpir su embarazo, las leyes la protegen". También prometió cambiar la actual ley de eutanasia, aunque sin promover su derogación. TE PUEDE INTERESAR La decisión de acudir a El Hormiguero, con un formato distendido y pensado para el entretenimiento, suscitó cierto debate en el PP. Porque la entrevista se fijó justo en el momento en que todo un expresidente del Gobierno declaraba por primera vez como imputado, acusado entre otros delitos de blanqueo de capitales, tráfico de influencias o contrabando. Y concertar una visita a Trancas y Barrancas podía restar gravedad a los escándalos que rodean al Gobierno, pero decidió seguir adelante para contraponer "dos momentos emocionales" distintos: el de Génova y el de Sánchez. El líder del PP centró de hecho gran parte de la entrevista en los casos de corrupción del socialismo. Respecto al 'caso Leire' se atrevió a pronosticar la "muy posible" imputación del Partido Socialista y afirmó que Sánchez conocía los movimientos de la fontanera del partido. "¿De verdad alguien se cree que Cerdán monta las cloacas con Leire sin que el presidente del Gobierno sepa nada?", cuestionó. También criticó la "lamentable" situación del expresidente Zapatero, la "joya del sanchismo". TE PUEDE INTERESAR "Cuando se ha dedicado a blanquear a una dictadura también se puede blanquear capitales", apuntó, sugiriendo la culpabilidad del exjefe del Ejecutivo al que Sánchez ha atado su futuro. Feijóo ironizó con las joyas por valor de 1,3 millones de euros incautadas a Zapatero y se preguntó si "está esperando a decir que se las regaló un jeque y a ser posible que esté muerto para que no le pueda replicar". Feijóo se mostró tranquilo y confiado en que el hundimiento de la legislatura parece imparable, y en El Hormiguero comenzó a preparar esa carrera. El gallego tuvo tiempo también para aparcar la formalidad y desvelar algún aspecto personal, como la ropa que utiliza para estar por casa (camiseta y pantalón ancho, pero nunca un chándal) o sus problemas persistentes con el inglés, que no ha retomado desde la última campaña. También dirigó un saludo afectuoso a Ilia Topuria tras su derrota y prometió ante el 'polígrafo' de Pablo Motos y de Trancas y Barrancas que él no tiene ninguna caja fuerte. Mientras José Luis Rodríguez Zapatero acudía a declarar a la Audiencia Nacional como imputado y Pedro Sánchez respondía en el Congreso a los múltiples órdagos de unos aliados cada vez más incómodos por el rosario interminable de causas judiciales, Alberto Núñez Feijóo finalizó la jornada sentándose en El Hormiguero. El líder del PP quiso aferrarse a la "teoría del contraste" para exhibir las diferencias entre un Gobierno "en llamas" y un jefe de la oposición que mira desde el banquillo los escándalos que asfixian al Ejecutivo. Feijóo se puso con Trancas y Barrancas el traje de campaña. Y sugirió que su turno para saltar a la Moncloa llegará más pronto que tarde.
Feijóo se sincera ante Motos: contempla ya una coalición con Abascal y ve "muy posible" la imputación del PSOE
El líder del PP se pone el traje de campaña y pide la "confianza" a los votantes socialistas ante la "selva de corrupción" del Gobierno. Promete cambios en la ley de eutanasia pero no en el aborto y una política migratoria "racional"












