Opinión

Editorial

EDITORIALEl cruce de cuentas y facturas debería formar parte de la criba democrática.

“Si hay llamados al voto, explícitos o implícitos, si se presentan planes de gobierno fuera de tiempo, si se usan símbolos partidarios de forma reiterada para posicionar a una persona o se contrata pauta en medios y redes con fines electorales, se configura la infracción”, fue una declaración del magistrado titular Gabriel Aguilera cuando fungía como presidente del Tribunal Supremo Electoral, en febrero último. Eso ocurrió poco antes de salir del cargo.

En el reciente trimestre comenzaron a pulular mensajes de presidenciables, declarados o no, con el clásico pretexto de que están haciendo proselitismo, de que andan afiliando nuevos adeptos o “fortaleciendo las bases” o formando “cuadros” políticos —aunque ya las candidaturas estén en puja financiera o plena adquisición de tránsfugas—. No faltan los desavisados o quizá desfachatados que ya se declararon candidatos a cargos, lo cual ameritaría, como mínimo, un apercibimiento directo, por una declaración general oficial del actual pleno del TSE.