Nadie tiene la autoridad para afirmar que Abelardo de La Espriella es el candidato del Laureanismo. Un nieto suyo puede apoyarlo, pero no tiene la facultad de comprometer la pura doctrina del gran caudillo de Colombia
Por cuenta de las elecciones en las que ninguno de los candidatos a la segunda vuelta presidencial satisfacen las pretensiones de la totalidad de los electores, muchos opinadores han resuelto faltarle el respeto al doctor Laureano Gómez, juzgando los hechos de los años cincuenta (guerra de liberales y conservadores) como si fueran ahora, con los elementos de juicio del siglo XXI, en el que los partidos tradicionales no existen y como si el narcotráfico, los falsos positivos y el militarismo no hubieran acabado con la legitimidad de la democracia colombiana.
¿Qué ha dado Laureano Gómez a la historia de Colombia, se pregunta el historiador, ideólogo del conservatismo, Alberto Dangond Uribe? Además del Frente Nacional, que puso fin a la guerra liberal-conservadora, a partir de 1910 estuvo en el primer plano. Desde 1930 es la figura fundamental. No puede recordarse la vida de la Nación si no es en relación con Laureano Gómez. Ha sido un tema monocorde: con Laureano o contra él. Siempre en torno suyo. En el partido Conservador uno no encuentra, desventuradamente, sino a los enemigos de Laureano Gómez. Siempre en torno suyo, concluye Dangond Uribe: nadie ha sido su par en la grandeza.













