Socorro Gil supo que su hijo estaba muerto desde que vio la foto de ese cráneo en las carpetas del Servicio Médico Forense (Semefo) de Acapulco. Ella repasaba minuciosamente esas páginas repletas de imágenes de restos humanos desde que el 5 de diciembre de 2018 una patrulla de la policía municipal detuvo a Jhonatan Romero y ya no lo devolvió. En ese cráneo faltaban los mismos centímetros que faltaban en el de Jhonatan. Una fractura grave que el chico se hizo en un accidente de coche cuando tenía 11 años y que le llevó a perder un trozo de hueso frontal, justo encima de la ceja. “No le pudieron poner una placa porque tenía que venir de Alemania y tardaba un mes en llegar”, explica la mujer y después salta en el tiempo: “Nadie puede tener la misma fractura en el mismo lugar. No me quedó duda de que era él”. Ella encontró esa imagen a final del año pasado, pero los restos estaban bajo resguardo de las autoridades de Guerrero desde septiembre de 2022. “¿Cómo es posible que encuentren un cráneo y lo guarden sin hacerle pruebas, sin compararlo con las mamás que estamos activas buscando y que se nos va la vida?”, pregunta. ¿Cómo es posible?En México hay más 135.000 personas desaparecidas, según el Registro Nacional que depende de la Secretaría de Gobernación. Además, hay una crisis forense que llega a los 72.000 cuerpos sin identificar en morgues de todo el país, según investigaciones periodísticas. Todas las aristas de esta emergencia convergen en casos como el de Julio César Cervantes, a quien encontraron y donaron su cuerpo a una Facultad de Medicina en Ciudad de México en vez de contactar a su familia que lo buscaba desesperada, o ahora el de Jhonatan Romero. Abogado y fan del fútbol, cariñoso y responsable, a Jhonatan en su casa lo llamaban “el niño”. Socorro desayunaba con él cada mañana antes de que saliera hacia el despacho jurídico donde trabajaba. Ese 8 de diciembre tenía 25 años. Fue a jugar fútbol y después del partido, a él y a su amigo Carlos Ignacio Rojas les dio el alto una patrulla policial de Acapulco cerca de la playa Tlacopanocha. Una amiga de los chicos avisó a Socorro, que lo llamó rápida. Él le contestó, dijo que no sabía por qué los estaban deteniendo. “Déjame les pregunto y ahorita te regreso la llamada’. Pero pues ya no me regresó la llamada”, narra su madre.Al día siguiente encontraron el cuerpo sin vida y molido a golpes de Carlos. Estaba a la entrada de la colonia Panorámica, a menos de siete kilómetros de donde se los llevaron. Por las piezas que ha podido unir Socorro Gil durante estos años, juntando videos y testimonios: los policías se llevaron a los dos jóvenes a esta colonia situada en lo alto de la ciudad. “El fulano que me llamó me dijo que, si de algo me servía, mi hijo no había sufrido cuando lo mataron. Pero que los dos habían muerto la misma noche que se los llevaron y que a mi hijo lo habían enterrado ahí, cerca de una cancha en esa colonia”, relata. Esa misma persona le dijo que Carlos había tratado de escapar y se había echado a correr, por eso había sido torturado, por eso su cuerpo había aparecido a la entrada de la colonia.Este tipo de llamadas son habituales para las madres buscadoras, que se agarran a estas pistas como faros para seguir buscando. “Me dio la dirección y me explicó con manzanitas cómo llegar. Yo fui muchísimas veces a ese lugar, escarbé la tierra centímetro a centímetro. Yo le pagué a algunos muchachos que trabajaban como albañiles para que escarbaran, para que sacaran piedras enormes de esos lugares”, cuenta emocionada: “Una vez me hinqué y le pedí a la tierra que si tenía a mi hijo que lo escupiera, que me dejara encontrarlo, regresarlo a su casa. Nunca lo encontré: porque ya lo tenían en el Semefo”. La mujer señala que su primera búsqueda en ese lugar fue en diciembre de 2022, unos meses antes esos restos habían llegado al Servicio Forense. Si en ese momento, la Fiscalía hubiera hecho una prueba genética a esos restos y los hubieran confrontado con los de Socorro, una madre se hubiera ahorrado cuatro años de incertidumbre, de infierno. “A nosotras se nos va la vida: nos matan y nos matan también las enfermedades y ellos bien tranquilos como si nada con los restos guardados en el Semefo sin hacer una confronta”, resume. Incluso este año, cuando Socorro ya había visto la imagen del cráneo e insistía con que lo analizaran, la Fiscalía ha tardado cinco meses en darle una respuesta. A las 21.30 horas del pasado viernes, Socorro Gil y sus dos hijas entraban por la puerta de su casa de Acapulco, iban contentas por hacer una carnita asada y un guacamole. Habían llegado de Ciudad de México donde habían participado en la marcha de los colectivos de buscadores por la inauguración del Mundial de Fútbol. Dice que se arrepiente de haber contestado. Era el fiscal especializado en desaparecidos. Le pedía ir a la dependencia para que la notificaran de un cráneo del que ella había pedido muestras y cuyos resultados habían salido positivos. Eran 99,9% compatibles con ella. La madre escuchó, colgó y se echó a chillar. “A pesar de que ya había visto ese cráneo hace algunos meses, una engaña la mente diciendo ‘a lo mejor no es, a lo mejor mi hijo está vivo, me va a llamar’. Yo tenía la esperanza. Todas las noches antes de dormir yo le hablo a mi hijo y le digo: ‘Llámame, dime en sueños que estás bien, que vas a regresar’. Desde que se lo llevaron, yo nunca había soñado muerto a mi hijo. Y después de ver el cráneo yo lo soñé tres veces, lo soñé muerto”. Después de esa llamada, dice, ya no cenaron. Socorro Gil va a pedir a la Fiscalía General de la República (FGR) y al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) que también hagan la confronta genética. “La fiscalía estatal me desplazó, la fiscalía desapareció las pruebas, la fiscalía nos revictimizó y encubrió a los policías, entonces, ¿qué me puedo esperar yo de la fiscalía?“, pregunta. En estos largos años, Socorro y sus hijas fueron tan amenazadas por buscar a Jhonathan que tuvieron que salir de Acapulco y buscar refugio en Ciudad de México. Regresaron justo en 2022 a peinar los cerros y las playas, a pegar fichas de búsqueda, a buscar pistas, a revisar miles de restos humanos. Mientras tanto, los videos que había en la carpeta de investigación por la desaparición forzada de Jhonatan habían desaparecido, también la información relativa a la patrulla y los agentes que se llevaron a los dos jóvenes. Ella tenía algunas cosas apuntadas y con eso trata de empujar la investigación. Sabe que los policías identificados siguen en activo. “La Fiscalía es culpable, es responsable, pues que se haga responsable, al menos que me regresen a mi hijo dignamente, totalmente”, dice firme. “Yo vi salir caminando a mi hijo y salió completo. No salió su cabeza caminando. Entonces, yo no voy a dejar de buscar hasta que encuentre todos los restos. Voy a seguir exigiendo búsquedas, en campo y en el Semefo. Mi hijo merece una restitución digna y se la voy a dar. No me voy a conformar con esto. No voy a hacer un funeral y sepultarlo y al rato tenga que volver a abrir para ir guardando los restos que vayamos encontrando después. Voy a hacer hasta lo imposible”.
Hace cuatro años que la Fiscalía de Guerrero tenía al hijo de Socorro Gil, pero no había hecho las pruebas para entregárselo
A Jhonatan Romero se lo llevó una patrulla policial en Acapulco en 2018. A la desaparición forzada le ha seguido una cadena de negligencias, que van desde la eliminación de evidencias hasta la falta de cotejo de sus restos forenses












