ColumnaAdemás de costar unos euros diarios, las televisiones de muchos hospitales, exigen el uso de códigos QR y pagos digitales, lo que dificulta el acceso a un sector de la población que suele ser el que más visita los centros hospitalariosEl presentador Juanra Bonet y concursantes de '¡Allá tú!'.TelecincoHay gente que no ve la tele. Mucha. Incluso gente que trabaja en ella. No les interesa, les parece frívola. Así sean técnicos, guionistas o incluso directivos. No me sorprendió cuando me enteré; explicaba por qué algunos programas eran tan nefastos. Solían ser las mentes tras programas de presupuestos millonarios que nacían desfasados y desaparecían de la parrilla tras un par de emisiones. En la Antena 3 de los 2000 y la Telecinco de los últimos años hay muchos ejemplos. Luego están los que no la ven para lanzártelo a la cara como un acto de superioridad intelectual. No pierden tiempo con “la caja tonta” —pocas expresiones me dicen tanto de quien las usa—. Sin caer en que la televisión es un simple electrodoméstico, como la lavadora: la volvemos tonta nosotros. Si queremos, puede ser una fuente inagotable de conocimiento. Anda que no se cultiva una viendo La 2 por las mañanas. Ni siquiera hay que adentrarse en las plataformas. A pesar de suponer una ventana a la cultura, aún hay quien sigue con la matraca de que embrutece y te suelta un “yo ni siquiera tengo” desde su almena moral. Se lo puedes leer incluso a gente que escribe sobre televisión. No me digan, yo tampoco lo entiendo.Y luego hay quien no ve la tele porque le resulta materialmente imposible. Pasa con los hospitalizados en algunas comunidades autónomas como la mía, en la que el servicio está privatizado —vaya cosa les cuento, si el expolio de lo público está a la orden del día— y hay que soltar unos euros diarios para pagar algo que ya financiamos con nuestros impuestos. Aún hay un obstáculo más: la tecnología que permite acceder a ella, generalmente basada en códigos QR y pagos digitales, dificulta el acceso a un sector de la población que suele ser el que más visita los centros hospitalarios, el que más horas pasa en sus habitaciones asépticas e impersonales. Un grupo demográfico que no siempre dispone de móviles para scrollear ni tabletas u ordenadores con los que distraerse de sus males y su vulnerabilidad. Gente para la que la rutina del “parte”, la ruleta o las cajas del ¡Allá tú! tiene un poder analgésico que seguro le cuesta al erario público más de lo que se ahorra por la privatización de una caja que será tonta —se lo compro si insisten—, pero también alivia extraordinariamente la soledad.Archivado EnTelevisiónOpiniónSanidad públicaHospitalesProgramas entretenimientoConcursosPrograma televisiónProgramas concursosLa ruleta de la suerte
El poder curativo de una caja del ‘¡Allá tú!’
Además de costar unos euros diarios, las televisiones de muchos hospitales, exigen el uso de códigos QR y pagos digitales, lo que dificulta el acceso a un sector de la población que suele ser el que más visita los centros hospitalarios







